Comentario al Evangelio del

José Luis Latorre, cmf

Queridos amigos.  

Jesús nos hace hoy una explicación importante del cuarto mandamiento de la Ley de Dios “no matarás”. Se mata al otro físicamente y también con palabras hirientes, ridiculizándolo, insultándolo, despreciándolo. Se mata al hermano en el corazón con pensamientos o sentimientos hostiles e incluso, sencillamente, con la indiferencia. Se le mata también con palabras injuriosas o despectivas.  Hay que pasar por el filtro de la verdad, la bondad y la utilidad cualquier información o palabra que puede hacer daño al otro. Se suele decir “mata más la lengua que la espada”, pero el pensamiento mata aún más que la lengua,  porque no todos los pensamientos malos se expresan con palabras.

Disculparse o pedir perdón es una palabra sagrada que no puede usarse como muletilla para salir del paso. No puede ser el “perdonen las molestias” de los carteles publicitarios. El  perdón no puede ser ocasional, algo excepcional, sino que debe integrarse sólidamente en la existencia y ser la expresión habitual  de las disposiciones de unos hacia los otros.

Pedir perdón es el resultado de un proceso de conversión: queremos cambiar de actitud y nos duele de todo corazón haber hecho daño. No se puede obligar a nadie a perdonar, el perdón se da gratuitamente, es el fruto de un corazón poseído por el amor.

Por eso dice Jesús que si uno va a ofrecer su ofrenda a Dios después de haber ofendido a un hermano, deje su ofrenda en el templo, busque al hermano ofendido, pídale perdón y luego preséntese de nuevo ante el Señor. Entonces sí será acogida su ofrenda y oración y agradarán al Señor. Nadie puede pedir a Dios perdón de sus culpas si él no perdona antes. Solo con un corazón reconciliado el culto será auténtico y verdadero.

“Había una señora a quien sus vecinas le tenían mucha envidia. Casi todos los días, cuando salía a la puerta de su casa para barrer, encontraba basura que las vecinas le dejaban en señal de desprecio. La señora nunca se quejaba.

Hasta que un día, sabiendo que sus vecinas eran las que le dejaban la basura delante de su puerta, decidió colocar un ramo de flores delante de la puerta de cada una de sus vecinas. En cada uno de los ramos de flores las vecinas encontraron un cartelito que decía: “CADA UNO DA DE LO QUE TIENE”.

Quien es capaz de perdonar, quiere decir que tiene un corazón grande y que sólo busca el bien y la verdad, no sus intereses.
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