Comentario al Evangelio del

José Luis Latorre, cmf

Queridos amigos

Decía Jesús: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” Es la invitación a escuchar con el corazón la Palabra de Dios. La Palabra no es una realidad muerta, sino eficaz, capaz de lograr su finalidad como la lluvia y la nieve que caen del cielo y riegan y fecundan los campos.

La Palabra es fecunda cuando, como María, la guardamos en el corazón y la reflexionamos, es decir, la meditamos en el silencio de la oración. Orar no es decir muchas palabras como los paganos que se imaginan que hablando mucho obtendrán el favor que piden. Orar es estar en la presencia de Dios nuestro Padre como el niño hace con su  padre y hablar con él con la total confianza de saber que siempre nos escucha. Por eso Jesús nos dice que cuando oremos no digamos muchas palabras, sino que estemos delante de nuestro Padre con una actitud de fe confiada. Y nos enseñó el PADRENUESTRO: una oración que contiene siete peticiones concretas; las tres primeras se refieren a Dios Padre y las cuatro siguientes a las necesidades de los hombres. De esta forma Jesús nos dice que siempre que recemos tenemos que tener presente a Dios y los demás, no se pueden separar.

Además el Padre nuestro nos desvela cómo debe vivir un seguidor de Jesús; manifiesta el estilo de vida de Jesús y los verdaderos motivos por los que él hacía  las cosas. De esta forma oración y acción iban unidas: la oración daba vida a la acción, y la acción era la concreción de la oración. De esta forma Jesús nos enseñó que en la vida de cada cristiano la oración y la acción no se pueden separar, y cada una de ellas tiene su lugar relevante.

El Padre nuestro es una oración breve en palabras, pero profunda en contenido, es la oración que Jesús rezaba y nos enseñó a rezar, es la oración que resume el mensaje evangélico y el vademécum de la vida del seguidor de Jesús, es decir, esta es la oración que debe rezar todo cristiano y la que debe vivir en su vida de cada día.

Cuaresma, tiempo de oración, ayuno y limosna. Os sugiero: meditar durante cinco minutos al día cada una de las peticiones del Padre nuestro en un lugar de vuestra casa o en  el templo, pero en silencio. Organiza tu día de tal manera que no falte este momento de oración y cuídalo con cariño.

Comentarios
Ver 22 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.