Comentario al Evangelio del

Edgardo Guzman, cmf

Queridos amigos y amigas:

Jesús no ha venido a llamar a la conversión a los justos, sino a los pecadores: el versículo final de esta perícopa resume muy bien la actividad de Jesús y responde a la acusación de los que lo critican. La llamada de los primeros discípulos, gente sencilla y pobre; la curación del leproso, sin miedo a la impureza legal; el perdón de los pecados y la sanación del paralítico: todo esto revela el rostro desconcertante del Maestro. En el Evangelio que leemos hoy llama a su seguimiento a un publicano doblemente despreciado porque explota cobrando los impuestos y por colaborar con la ocupación romana.

Jesús nos muestra su sorprendente libertad para elegir a los que Él quiere, una libertad que viene del amor, y por eso tiene el poder de liberar a los que están oprimidos por las cadenas del egoísmo y del pecado. En el brevísimo versículo 28, encontramos tres verbos que son muy significativos: «Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió». «Dejándolo todo», todo vinculo, toda cadena que le ataca, «se alzó» (anastás: en griego es el mismo verbo usado para la resurrección de Jesús), «y lo siguió». La liberación y la resurrección a una vida nueva son las consecuencias del seguimiento de Jesús.

Leví acoge el paso de la misericordia en su vida, en su casa, y quiere compartir con los demás la alegría de este encuentro transformador, de manera que se convierta en motivo de acción de gracias para muchos: «Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros» (v. 29). Que este tiempo de Cuaresma nos ayude a tener la experiencia de sentirnos pecadores perdonados por el Dios de la alegre misericordia. 
 
Fraternalmente, Edgardo Guzmán, cmf.
eagm796@hotmail.com

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