Comentario al Evangelio del

Edgardo Guzman, cmf

Queridos amigos y amigas:

Hemos iniciado el tiempo de Cuaresma, un tiempo fuerte, donde tomamos una mayor conciencia de nuestra necesidad de cambio y transformación. Las lecturas de este día nos ofrecen algunas pistas para profundizar el llamado a la conversión. El texto de la primera lectura concluye la proclamación del Código deuteronómico. Privados de su tierra, los israelitas son invitados a reflexionar sobre las causas de la suerte que han tenido y acoger nuevamente la alianza del Señor con toda su exigencia. El autor expresa este anhelo mediante la contraposición vida y muerte, bien y mal, bendición y maldición como propuestas para una libre elección.

Este texto del Deuteronomio nos transmite una importante convicción: la vida no es solo un don de Dios, es sobre todo participación de su misma vida. «Amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida…» (v. 20). Al iniciar la Cuaresma nos viene bien discernir nuestras acciones a la luz de esta Palabra, para acoger la llamada a la conversión no como una auto-culpabilización mal sana, para reprocharnos a nosotros mismos los errores que cometemos; sino, para hacer una opción libre y responsable por seguir el camino del Señor que nos conduce a la promesa de vida y bendición.

Este reorientar nuestra vida desde seguimiento de Jesús no es una tarea fácil. En el Evangelio vemos que esto implica negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz de cada día y seguir al Señor. Como comenta Mariola López Villanueva, rscj, «en ningún libro de autoayuda vamos a encontrar invitaciones a negarnos a nosotros mismos, ni a tener que perder algo, en una cultura que ensalza insistentemente los éxitos personales». Pero la lógica del Evangelio es muy distinta, los criterios de perdidas y ganancias no son como las del mundo en el cual nos movemos.

En nuestro día a día tenemos delante de nosotros vida y muerte, bien y mal, bendición y maldición, nuestra vida de fe es probada en medio de éstas y otras encrucijadas. Al seguir al Señor, al tener una relación con Él nos toca hacer una elección no siempre obvia, nos toca ser capaces de ver al “Invisible” más allá de la apariencia. Descubrir que aún perdiendo nuestra propia vida nos salvamos, porque «lo más valioso lo recibimos cuando lo entregamos todo».

Fraternalmente, Edgardo Guzmán, cmf.
eagm796@hotmail.com

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