Comentario al Evangelio del

Luis Manuel Suarez, cmf

Queridos amigos:

En casi todas las culturas existe la creencia en los espíritus. Porque la vida aparece como algo más que mera materia. Inabarcable. Desbordante. Incontrolable.

Cuando Jesús se muestra ante sus contemporáneos, le descubren como un “hombre de espíritu”. Algunos le reconocieron como portador del Espíritu de Dios. Otros, creyéndose portavoces exclusivos del Altísimo, le acusaron de estar poseído por el espíritu del mal. Porque lo que Jesús decía y hacía no entraba en sus esquemas. Y los cuestionaba.

Jesús se defendió de esa acusación con sus palabras. La Palabra de hoy nos lo muestra. Y considera algo imperdonable confundir el Espíritu de Dios con el espíritu del mal. Pero sobre todo, Jesús respondió a esa acusación con sus obras: mirando, acercándose, acompañando, sanando, anunciando la Buena Noticia del Reino… Para quien miraba y quien mira sin prejuicios, el Espíritu de Dios aparece trasluciéndose en toda la vida de Jesús, como presencia amiga de Dios que nos quiere transmitir su Vida.

Cada uno de nosotros podemos vernos envueltos en muchas polémicas a causa de nuestra fe. Está bien tener una palabra para responder, para “dar razón” de lo que creemos. Pero sobre todo, nuestra vida está llamada a ser transparencia del Espíritu recibido en el bautismo y del Reino que es don y tarea. Como nos dijo San Pablo VI: “El mundo de hoy necesita más testigos que maestros y, si acepta a los maestros, es porque antes han sido testigos”.

Gracias, Señor, por tu testimonio de palabra,
respondiendo con valentía a quien quería impedir tu misión.
Gracias, Señor, por tu testimonio de vida,
haciendo presente el Reino nuevo de los hijos y los hermanos.
Danos, Señor tu Espíritu.

Vuestro hermano en la fe:         
Luis Manuel Suárez CMF (@luismanuel_cmf)

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