Comentario al Evangelio del

Alejandro, C. M. F.

Queridos amigos, paz y bien. 

La Liturgia nos ofrece hoy un texto del evangelio muy significativo. Se trata del testimonio del Bautista sobre Jesús. Había discusiones sobre el bautismo (no había todavía manuales de Teología para explicar los Sacramentos) y le hacen saber a su maestro, Juan el Bautista, que Jesús, a quien él ha bautizado, está también bautizando y convocando numerosos discípulos. Y Juan reacciona como Dios manda: no se siente desplazado ni suplantado.

El Bautista ha entendido quién es él, y Quién es Él. Y nos habla de amor. Del amor del esposo que recibe a la novia. El esposo es Jesús. La gente que acude a Él es el nuevo Israel, la amada esposa anunciada por los profetas. Son los tiempos de las bodas del Mesías con su pueblo, y Juan se alegra al escuchar el eco de su voz, como el amigo del novio, que lo acompaña, lo asiste y es testigo de su alianza de amor. Como amigo del esposo se contenta con que el novio ocupe el lugar principal, crezca en respeto y consideración entre los suyos y realice plenamente su misión. El Bautista se echa a un lado, porque sabe cuál es su tarea.

La actitud del Bautista es modélica para nosotros. Como él, debemos hacer que Jesús sea recibido por todos, que crezca en el amor y en la fe que le deben los suyos, que ocupe el primer lugar en las vidas de todos aquellos a quienes se proclame el evangelio, de quienes conformen las comunidades cristianas. Es una lección de humildad ante el Señor Jesús a quien no podemos suplantar con nuestros intereses personales de poder o de honor.

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C. M. F.

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