Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz, rmi

Queridos amigos:

La primera lectura de Isaías es un canto a la esperanza. La esperanza de verdad, la honda, la que duele, la que no ve apenas nada y solo intuye… y cree y hasta ama. No es magia. Es gracia. Cuando alguien es capaz de ver y desear y anunciar que la estepa florecerá o que el desierto estará alegre, es que guarda un tesoro muy grande dentro. Es que espera mucho.

Es una esperanza que nunca se queda sola en casa. Siempre tiene vocación de caminante, de pregonera, de hacedora con otros: ¡Sed fuertes, no temáis, está viniendo!

A nosotros nos toca ver las señales de esa esperanza que YA nos rodea y nos habita. Si no ha comenzado YA, es que no es esperanza o al menos, no es esperanza cristiana. Son buenos deseos, nostalgia, ensoñaciones…

Podríamos leer esta lectura cada día hasta que notáramos que realmente nos ha germinado dentro del corazón y las entrañas. Sería una fuerza interior arrebatadora. ¿Será algo así ese poder que percibían en Jesús?

Ese poder que desde dentro cura las parálisis de los demás, como en el evangelio de hoy. Unas veces no caminamos porque nos fallan las piernas, los recursos, las ganas. Otras veces más bien pareciera que la parálisis viene de caminos que se cierran, senderos anegados, rutas imposibles… Pero nuestro Dios viene en persona, cura parálisis y abre caminos. Más aún: podrás caminar por ti mismo, con tu camilla incluso, porque con Dios habrá caminos rectos. Y eso que ahora se te parece como camino imposible, lo llamarán “Vía sagrada”.

Él ha dicho que lo hará y queremos creerle.

Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz

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