Comentario al Evangelio del

CR

Jesús en lo cotidiano

Cada día tomamos numerosas decisiones. Algunas de ellas casi no le prestamos demasiada atención.

Sin embargo, cada una no sólo va perfilando nuestra manera de ser sino también nuestro calado humano. En muchas de ellas están implicadas personas. Nuestros quehaceres cotidianos se desarrollan, habitualmente, con otros.

A veces, el vértigo de la acción, de las decisiones inmediatas no nos deja escuchar en nuestro interior. La eficacia, el sentido práctico se impone. Tenemos tanto que hacer!

Y un día, como dice el anuncio, descubrimos que nos parecemos sospechosamente a todos. Que hemos aprendido a ser sin ser nosotros mismos. Ahora si tuviéramos que hablar de nosotros ya no hablaríamos de lo que nos habita sino de lo que nos acontece.

Si dejamos resonar en nuestro interior el Evangelio de hoy percibimos una llamada a detenernos, a descubrir el paso de Jesús en nuestra vida en tantos rostros anónimos con los que nos cruzamos: el conductor del autobús, el camarero, el vecino, el del super, ...

Nos invita a mirarnos, a reconocernos y crear lazos, a compartir el pan, el vino, los afanes de cada día y tal vez nuestros sueños dormidos.

Zaqueo, nos invita a pararnos y a reconocer que también Jesús quiere comer con cada uno.

En ese momento, tal vez, podemos comprender como este pequeño gran hombre que necesitamos dejarnos afectar, dejarnos encontrar de nuevo por la vida de Jesús, por la vida de las personas que forman parte también de nuestra vida. Crear comunión de historias, de nombres, de vida, de detalles pequeños y hacer así posible el Reino.

O ¿qué otra cosa sino es el Reino sino una gran mesa con el pan partido y la vida hermanada?

Ojalá decidamos hoy construir un poco mejor el Reino.

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