Comentario al Evangelio del

Carlos Sánchez

Hola, amigos y amigas:

El Evangelio nos sigue insistiendo en que hemos de estar vigilantes a la llegada del Señor. No sabemos ni el día ni la hora, su llegada se asemeja a la sorpresa causada por la irrupción inesperada del ladrón o la inspección imprevista del amo. El Hijo del hombre llega a nuestras vidas cada día, pero, si no estamos vigilantes, nos podemos quedar sin disfrutar de la dicha de su presencia viva y vivificadora. Nos pasa muchas veces: ¡cuántas noches llegamos a la cama con el corazón vacío y triste, sin haber acogido su gracia, su sabiduría y su amor! Jesús es muy directo: la vida cristiana o se vive en clave de expectación y de constante acogida de su Presencia, que todo lo llena de sentido, o divagamos en mil distracciones que nos hacen correr de un lado a otro buscando cosas que nos sumergen en la superficialidad.

Hoy celebramos la memoria de un hombre que centró toda su existencia en la llegada de Jesucristo a su vida y en el deseo de que esta riqueza llegue, también, a la vida de sus hermanos y hermanas de todo el mundo: San Antonio María Claret. Si tuviese que sintetizar toda la vida de este gran apóstol del siglo XIX en pocas palabras, elegiría la oración que rezaba en cada misión que emprendía por los caminos de Cataluña, Canarias, Cuba y toda España, en medio de fuertes calores, fríos, guerras, calumnias y peligros: “Señor y Padre mío, que te conozca y te haga conocer, que te ame y te haga amar, que te sirva y te haga servir, que te alabe y te haga alabar por todas tus criaturas”. Como ven, esta oración expresa la hondura de una vida totalmente centrada en la acogida de la sorpresa de Dios que se conoce, se ama, se sirve y se alaba cada día, y en el deseo de que esa riqueza llegue a todos los demás. Cuando un cristiano se toma en serio la llegada de Dios a su vida, inmediatamente se convierte en un apóstol que busca por todos los medios posibles que Dios sea conocido, amado, servido y alabado.

Termino recordando la respuesta que el P. Claret dio a una persona admirada de su inmensa capacidad de trabajo apostólico, quien le preguntó: “¿cómo es posible que pueda hacer tanto? El P. Claret le respondió: “Enamoraos de Jesucristo y del prójimo y haréis cosas mayores”. Allí está el desafío: estar vigilantes para acoger ese amor que es capaz de centrarnos, enamorarnos y comprometernos de lleno en la construcción del Reino de Dios.

Un saludo fraterno
Carlos Sánchez Miranda, cmf.

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