Comentario al Evangelio del

CR

Queridos amigos:

El día 6 de este mes era fecha para rememorar la II Guerra Mundial. Ese día, el año 1945, se lanzaron las bombas atómicas contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.  Pero también tal día como hoy, 9 de agosto, trae idéntico recuerdo, pues en él se produjeron nuevos bombardeos atómicos. Por su parte, la liturgia propone otra memoria relacionada con aquel conflicto: en este día, en las cámaras de gas del campo de concentración de Auschwitz, murió Edith Stein, filósofa judía convertida a la fe católica y bautizada en enero de 1922.

Ya en 1933, al comenzar la persecución y el hostigamiento a los judíos, había declarado: «Solamente la pasión de Cristo nos puede ayudar, no la actividad humana. Mi deseo es participar en ella». El 14 de abril de 1934 toma el hábito carmelitano y a partir de ese momento llevará el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz, nombre que deja bien explícita la referencia a la pasión de Cristo. El 9 de junio de 1939 redactará su testamento, que contiene estas palabras: «Ya desde ahora acepto con alegría, en completa sumisión y según su santísima voluntad, la muerte que Dios me ha destinado. Ruego al Señor que acepte mi vida y mi muerte… de modo que el Señor sea reconocido por los suyos y que su Reino venga con toda su magnificencia para la salvación de Alemania y la salvación del mundo».

En aquella historia tan dramática, percibió su vocación y le fue enteramente fiel. Dios llevó a término la obra que había comenzado en ella, Dios la configuró con su Hijo crucificado. Dejemos que resuenen para ella los versos: «Si con él [Cristo] morimos, viviremos con él; si con él sufrimos, reinaremos con él».

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