Comentario al Evangelio del

CR

Queridos amigos:

El miedo nos juega malas pasadas. No nos permite percibir las cosas como son: los discípulos confunden a Jesús con un fantasma; además, nos envara, nos atenaza, no nos permite caminar: Pedro se hunde en el agua. El miedo trastorna el conocimiento y la acción. Vamos a detenernos en el segundo punto, el del episodio de Pedro.

¿Por qué se hunde Pedro? Porque se le ha acortado el horizonte. Camina sobre la superficie del agua mientras tiene los ojos puestos en Jesús y permanece asido a su palabra; pero cuando aparta la mirada de él y el Señor queda fuera de su horizonte visual-vital, cuando sólo se fija en el embate del oleaje, cuando no resuena ya en su oído la invitación que Jesús le acaba de hacer, cuando en su campo de experiencia solo aparece el empuje del viento y el estado del agua, Pedro se vuelve más pesado y ya no acierta a sostenerse. Cuando se pierde de vista a Jesús, no nos podemos mantener a flote. Tendrá que echarnos un cable: tendernos la mano, para que salgamos a flote.

No dejes que te envuelva por completo la circunstancia inmediata. Esta puede ser buena: un triunfo deportivo, un ascenso en el trabajo, un éxito profesional, un encuentro afortunado, la solución de un problema; puede ser mala: una enfermedad, un fracaso en tu ministerio, un desengaño, una cadena de incomprensiones, la escasa o nula valoración de tus servicios, una herida que infligen a tu autoestima, un revés de fortuna… La circunstancia te coloca en la cresta de la ola y te llena de euforia o te lleva a la sima y te hundes. Para no ser víctima de ella, sitúala en el horizonte más amplio de tu vida: el bien común, la suerte de los pobres y los sufrientes, el reino de Dios y su justicia, la presencia del Señor.

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