Comentario al Evangelio del

Juan Lozano, cmf

Querido amigo/a:

¡Uf!... ¡Cuánto nos cuesta evitarlo! Eso de “no juzgar” que nos aconseja Jesús en el Evangelio es una piedra con la que tropezamos casi todos los días. Porque, seamos sinceros, a veces nos sentimos bien yendo de “juececillos” por la vida, sentenciando lo que tienen que hacer los otros. “Mira esta…, si ya te lo decía yo, se veía venir”. “Anda que el otro, de qué va, a quién se le ocurre…”. Reconozcámoslo…, hay veces que nos gusta, que disfrutamos ejerciendo la crítica destructiva sin reparar en el daño que hacemos, o incluso siendo conscientes, que es peor.

¿Por qué Jesús tiene palabras tan duras contra esta actitud? “Hipócrita, viga en el ojo”…, por una sencilla pero profunda razón: nunca sabemos la batalla interior que se libra en el interior de cada persona, por eso hay que ser muy respetuoso con los demás. Es verdad que hay acciones que objetivamente son malas. No juzgar no significa que las consintamos, hay que denunciarlas. Pero Jesús siempre nos pide un paso más allá que el juzgar y mucho más constructivo: acercarte a tu hermano aunque no comprendas del todo sus acciones porque es imposible ver todo su interior.

Opinar de lo externo que vemos es muy fácil; intentar ponernos en la piel del hermano, no lo es tanto. Sólo tu cercanía, tu solidaridad y tu cariño, podrán ayudar a tu hermano si es que está equivocado. Tu murmuración, tu crítica destructiva y tu mirada superficial sobre él o ella, lo exteriorices o no, te alejarán y levantarán un muro entre ambos corazones.

Es difícil, pero no imposible. Jesús siempre nos pide más, porque sabe que con su ayuda podemos y porque ese más nos hace mejores a nosotros mismos y a los que nos rodean. Se trata de ir construyendo Reino también en nuestras relaciones con los demás.
¡Jesús, no nos dejes caer en la tentación de ser jueces de los demás!

Vuestro hermano en la fe:
Juan Lozano, cmf

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