Comentario al Evangelio del

Aristóbulo Llorente cmf

 

      La primera lectura es un relato actual, actualísimo, de lo que puede hacer el poder cuando no es capaz de limitarse, cuando se convierte en un poder abusador y todopoderoso. Frente a ese poder el débil no puede hacer nada. El que está en el poder puede hacer lo que quiera. Siempre encontrará una justificación, siempre encontrará un requiebro legal para decir que ha actuado según la ley. Y, cuando no es así, tendrá, valga la redundancia, el poder suficiente para esconder lo que ha hecho, para echar la culpa a otro, y salir con bien del apuro. No sólo con bien, sino consiguiendo sus objetivos. Así ha sido en tiempo de Ajab, rey de Israel. Y en los tiempos actuales. La impunidad suele dormir en la misma cama que el poder. No hace falta poner ejemplos porque seguro que todos los lectores tienen más de uno en la cabeza. Podemos lanzar la mirada a nuestros gobernantes pero también a los vecinos o a los miembros de nuestras familias. Y no será difícil que encontremos algún ejemplo concreto de esta realidad. 

      Frente a esta realidad que pone frente a nosotros la primera lectura, de dentro nos sale un grito, un clamor: “No hay derecho”. Y brota con más fuerza porque los más afectados por esas actitudes de los que están en el poder, suelen ser siempre los más débiles, los pobres de nuestro mundo. “No hay derecho”. Así se expresa con fuerza el salmo responsorial.

      Pero no nos podemos quedar en la primera lectura y en el salmo responsorial. Luego viene el Evangelio. Y Jesús parece que hace un planteamiento completamente opuesto. Por sus palabras entendemos que es consciente del problema. Sabe, porque vive en este mundo y no en uno imaginario, que hay personas que abusan de los demás, que agravian a los demás, que abofetean, que quieren poner un pleito con el objetivo único de quitarle la túnica al que solo tiene una, que te piden un favor pero que nunca van a ser capaz de hacerte un favor a ti. Todo eso lo sabe Jesús. Son los ejemplos que él mismo pone. Sacados de la vida. 

      Pero Jesús da una respuesta diferente. Su “No hay derecho” tiene otras consecuencias sorprendentes. Lo que hay que hacer es ofrecer la otra mejilla, dar la capaz directamente al que nos la quiere quitar, ahorrándole el pleito, hacer el favor al que nos lo pide y hacerlo con exceso: acompañar dos millas al que nos pide que le acompañemos una y dar al que nos pide prestado. 

      Vamos a ser sinceros: nos cuesta entender esta posición de Jesús. Nos cuesta más llevarlo a nuestra vida. Lo que nos sale de dentro es defender nuestros derechos y los derechos de los pobres. Y, si es necesario, aplastar al poderoso abusón y abusador. Lo que nos sale de dentro es el “ojo por ojo y diente por diente.” Pero Jesús se mueve en la órbita del Reino. Y eso es otra cosa, otra forma de mirar a la realidad, otra forma de construir la relación entre las personas. 

      La verdad es que, bien pensado, llevamos muchos años aplicando el “ojo por ojo y diente por diente” y nos ha ido como nos ha ido. Tenemos una historia plagada de guerras, venganzas sin fin y sangre. Podríamos probar con lo que nos dice Jesús. Igual esta historia comenzaba a ir de otra manera. Más fraterna y más al estilo del Reino del que tanto habló Jesús.

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