Comentario al Evangelio del

CR

Queridos amigas y amigos:

Este episodio narra la petición que hacen a Jesús los hijos de Zebedeo y un sustancioso monólogo ulterior de Jesús con los discípulos. Está situado estratégicamente: Justamente detrás del tercer anuncio de su Pasión y Resurrección que el Maestro hace a los suyos en su dramática subida a Jerusalén. La carga correctiva que contiene es manifiestamente clara: Mientras Jesús anuncia su inmediato futuro de condena, sufrimiento y muerte, los discípulos están en otra onda, aspirando a puestos de honor y de gloria. Este es el contexto del escalofriante relato que hoy nos propone la liturgia. ¿Qué enseñanzas podemos extraer de este episodio?

La paciencia de Cristo.

Llama poderosamente la atención el hecho de que Jesús lejos de impacientarse y de arrojar a estos codiciosos “hijos del trueno” de su vista, responde a la petición que le proponen encaminándoles sabiamente desde la superficialidad de sus vanidades mundanas y cicateras a la profundidad de la elección suprema de beber su mismo cáliz. A Jesús no le escandaliza la estrechez de miras de aquellos dos discípulos hermanos. Se muestra como el profeta de la misericordia, capaz de corregir con paciencia sin exasperar ni fustigar. Porque el amor todo lo aguanta, Jesús jamás rechazó a nadie… ni siquiera a los que, como estos discípulos, después de tanto tiempo con Jesús no lograban entenderle. Tal vez la paciencia con el corto de miras o con el tardo de entendederas sea una de las formas actuales de decir “Dios” en nuestro mundo de hoy. Y la paciencia…, no se nos olvide, todo lo alcanza. ¡Palabra de Teresa la de Jesús!

La humildad de Cristo.

Servir es rebajarse ante aquel a quien se sirve. El servidor se sitúa al menos un peldaño por debajo de quien es servido.  Ello explica que todos busquemos profesiones que no nos obliguen a rebajarnos ante nadie, sino a permanecer autónomos e iguales. Pero parece que en la mente y en el corazón de Jesús las cosas van por otro lado. El no cuestiona sobre dignidades, sino sobre el amor. Un enamorado intenta agradar a su amada y ni se le pasa por la cabeza que con ello es “menos”. Se ha transformado su corazón de manera que la voluntad de la otra persona se ha hecho propia. Jesús habló y, sobre todo, vivió algo así, pero con mayúsculas. Y quiso que los suyos fueran de este linaje. Sabemos que los cargos, sobre todo si son altos, mezclan a los hombres pero no los unen. Y la desigualdad a favor del otro –entiéndase bien- es lo único que de verdad une, aunque ello se logre las más de las veces por vía de la aceptación y no tanto de la elección.

Se ha dicho que una de las carencias más lamentables de nuestra cultura occidental es la falta el trato directo con grandes personalidad, que sean modelos de vida. En efecto, es rarísimo encontrarse con una persona paciente y humilde al estilo de Cristo. Son muchísimos los que no han conocido a una persona verdaderamente servicial, o a alguien con integridad y amor verdaderos. Por eso es fundamental insistir en que la evangelización pasa por la imitación de actos excelentes, no por la aplicación de reglamentos o el respeto a leyes. No se puede aprender el evangelio sin mímesis, sin imitación, sin testigos. ¿Cómo van a entender si no ven? ¿Cómo verán si alguien no se lo muestra? ¿Cómo alguien mostrará el amor si no está seducido previamente?

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