Comentario al Evangelio del

CR

Queridos amigas y amigos:

El evangelio de hoy recoge, probablemente, uno de los episodios más tristes de la vida pública de Jesús: una vocación frustrada. Tras su mirada amorosa y la invitación a su seguimiento, se encuentra con el tristísimo rechazo de aquel hombre que antes había corrido a su encuentro de Jesús y se había arrodillado ante él. Según los evangelios de Mateo y de Lucas se trataba de un “joven”. La juventud, edad de las grandes elecciones, lo es también de rechazos y miedos. Cuando Quevedo hablaba de “juventud, robusta y altiva”, tal vez estuviera pensando en aquella ingenua autosuficiencia que esconde la edad dorada, esa que según dos evangelistas hermoseaba a nuestro joven personaje.

  • Una pregunta mal formulada. El hombre que en aquella ocasión corrió al encuentro de Jesús y se arrodilló ante él… no formuló bien su primera pregunta. Tenía trampa. Utilizó el verbo “tener” que en el seguimiento de Jesús está de sobra. Y menos si el sujeto agente del mismo es el “yo”. Se equivocó. O mejor dicho, quedó manifiestamente a la vista su intención. En las cosas del Reino uno ni es protagonista, ni debe tratar de añadir otra propiedad más a las que ya se tienen.  No es cuestión prioritariamente de hacer para tener, sino de entrar. El Reino siempre es un don gratuito, un regalo inmerecido, una meta inalcanzable. Por eso, Jesús le corrigió con delicadeza, pero sin adular ni hacer concesiones.
  • Comenzar por los mandamientos. A continuación, Jesús le recomendó empezar por el principio, esto es, por hacer lo justo y debido: lo mandado por Dios. Hablar hoy de mandamientos nos resulta algo molesto y ya superado. Soportamos mal las imposiciones y por eso no nos gusta hablar de mandamientos, sobretodo cuando son incómodos. Y sin embargo son imprescindibles. Particularmente aquellos que cumplen tres requisitos que los acreditan: proteger valores fundamentales, evitar el subjetivismo y preservar en la debilidad. Tal vez tendríamos que recordarnos con más frecuencia que ésta fue la primera llamada de Jesús: A ser buenos. En el sentido machadiano del término. Sin esto, no se puede iniciar otros vuelos más altos.
  • Y después, venderlo todo. Esta es la segunda llamada. No se trata de una praxis ascética, ni de un desprecio de las realidades creadas, en particular de las más queridas o necesarias. Venderlo todo sólo puede entenderse desde la acogida de la propuesta de seguir a Jesús. O en términos de Pablo, hacer la “experiencia de la basura”, esto es, comprobar que todo lo que existe, y que en tantas ocasiones nos roba el corazón, es nada comparado con la suerte de conocer personalmente a Jesús, amarle intensamente y seguirle sin mirar atrás.

 

Seguro que muchos de nosotros estaremos de acuerdo en que siguen existiendo personas como este personaje: buenas pero sin pasarse… y también sus contrarias. Pero, ¿y yo?... suponiendo que sea una persona “decente” y buen cristiano, ¿me queda algo por vender?

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