Comentario al Evangelio del

Eguione Nogueira, cmf

¡Hermanas y hermanos! ¡Paz y bien!

Estamos por concluir el tiempo pascual, tiempo especial de gracia por el que escuchamos el testimonio de aquellos que fueron los testigos oculares de la Resurrección. En la primera lectura nos presenta Pablo en Roma, lugar de su martirio. Pero Lucas no nos dice cual a sido el destino de Pablo en los Hechos de los Apóstoles. Eso se explica porque, aunque los Hechos nos cuentan la historia de la Iglesia a través de Pedro y Pablo, en definitiva, lo que cuenta es la historia del anuncio de Jesús que, impulsada por el Espíritu Santo, resuena en todos los rincones del mundo. No hay cadenas, ni muerte que pueda contener la fuerza de la Palabra.

De igual modo encontramos, en la conclusión del Evangelio de Juan, la respuesta de Jesús a la pregunta de Pedro respecto a la suerte del Discípulo amado: «Señor, y éste ¿qué?». Esta pregunta, tal vez hecha por curiosidad o por el deseo de confronto con tal discípulo tiene una respuesta sin equívocos: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme». Cada uno es llamado a seguir Jesús personalmente y con un proyecto de vida propio. Lo decisivo es el seguimiento de cada persona y no el destino que les toca a los demás. Dios tiene la libertad del tiempo y el modo en dirigirse a cada uno de sus hijos.

No somos nosotros los que tenemos de decir a Dios lo que debe hacer. Eso pasa con frecuencia cuando los padres que intentan infundir una educación religiosa en sus hijos perciben que en algún momento estos toman otro rumbo. A la pregunta «¿Dónde nos equivocamos?, ¿Qué le va a pasar a nuestro hijo?», Dios posiblemente tiene otro modo de responder al rechazo que le tienen en algún momento de la vida muchos adolescentes y jóvenes. Costumbro decir a los padres que, si la semilla de la fe ha sido sembrada en sus vidas, en algún momento germinará. Lo más importante es testimoniar, como el Discípulo amado, nuestra experiencia profunda de encuentro con el Señor, de sentirnos como él, verdaderos «discípulos amados». La presencia del Espíritu Santo, don prometido por Jesús, es la certeza de ese amor.

Vuestro hermano en la fe,
Eguione Nogueira, cmf
eguionecmf@gmail.com

Comentarios
Ver 14 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.