Comentario al Evangelio del

Eguione Nogueira, cmf

¡Hermanas y hermanos! ¡Paz y bien!

En la primera lectura de hoy aparece el tema de infidelidad del hombre y la misericordia de Dios: dado que Moisés había desaparecido y Dios parecía encerrado en su silencio, Aarón decidió adoptar una medida “pastoral”, es decir, empleó los medios más adaptados a la mentalidad del pueblo que acababa de huir de Egipto con el fin de mantener su experiencia religiosa a través del culto al becerro de oro (Ex 32). En otras palabras, el pueblo recurrió a la idolatría, a un hecho extraño a la Alianza y destituyó al Dios que les había sacado de Egipto de su puesto. La fe verdadera no admite rebajas, tampoco adaptaciones que causan ilusiones y satisfacen nuestros deseos inmediatos, pero sin más. Dios, que se desborda de amor por nosotros nos quiere totalmente para Él.

Por eso, ante el desvío del pueblo hebreo en sus andanzas por el desierto hacia la tierra prometida, sobresale la misericordia de Dios que oye la petición de Moisés y se compadece de su pueblo, aunque sea un pueblo de dura cerviz. Él sabe de nuestras infidelidades, de nuestras debilidades, de nuestras incoherencias, pero no desiste de nosotros. En la travesía por el desierto, el pueblo sintió carencias, incluso religiosas. En este momento, cuando Moisés está ausente y Dios en aparente silencio, es que la tentación en buscar otros dioses, ídolos que pudieran responder a las necesidades inmediatas, aparecen con más fuerza.

Esto también puede pasar con nosotros: ¿Cuántos hermanos se desvían del camino de la fe y pasan a adorar otros dioses simplemente porque en sus oraciones no fueron satisfechas sus necesidades o porque consideraron que Dios no quiso hacer su voluntad? Pero esto también puede pasar con nosotros. En cierta medida, todos llevamos en nosotros, aunque escondido, nuestros “becerros de oro”. El becerro de oro puede ser cualquier cosa o persona que nos hace prescindir de Dios, nos aleja de Él y nos impide de ser agraciados por su misericordia: el poder, el honor, la riqueza, el consumo... Ídolo es todo lo que esclaviza en nombre de la libertad y nos aleja de Dios.

El camino cuaresmal es propicio para que volvamos nuestra mirada detenida en nuestra vida y reconozcamos los “becerros de oro” que hemos construido en nuestra vida a lo largo del último año. Reconocerlos y destruirlos es una actitud difícil, pero necesaria para que volvamos nuestros ojos al único que puede darnos la libertad y la vida: Jesucristo.

Vuestro hermano en la fe,
Eguione Nogueira, cmf
eguionecmf@gmail.com

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