Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, Misionero Claretiano

Queridos amigos:

El drama familiar que nos presenta la primera lectura de hoy es realmente estremecedor. La envidia y los celos se apoderan de los hijos de Jacob. Y surgen en sus corazones unos sentimientos tan terribles que deciden matar a un pobre inocente, José, el hermano más pequeño. Se dicen entre sí: «Ahí viene el soñador. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado. Veremos en qué paran sus sueños». El odio es tan profundo que les ha secado el corazón y no tienen el menor reparo en sentarse a comer como si nada hubiera pasado. En el grupo hay dos hermanos que buscan estratagemas para no quitar la vida a José y lo venden a unos mercaderes como esclavo.

La dramática historia de José se repite en Jesús que también fue vendido por unas pocas monedas y, siendo inocente, condenado a sufrir la muerte en la cruz entre dos malhechores.

Si dramática es la historia anterior, no lo es menos la parábola de los viñadores  que nos propone hoy el evangelio. Tal vez nos resulte un poco extraña a nosotros hoy día, pero es la explicación del trágico final de Jesús. A los comienzos las enseñanzas de Jesús se dirigen a todo el pueblo de Israel para comunicarle que ha llegado el momento de llevar la salvación de Dios a todas las naciones. Pero la invitación es rechazada y el hijo del dueño de la viña, Jesús, asesinado violentamente. Pero el plan de Dios no puede fracasar y otros pueblos y naciones darán los frutos que Dios espera de su viña, es decir de la humanidad.

Si hacemos aterrizar todo este gran mensaje de la Palabra de Dios en nuestras vidas nos daremos cuenta enseguida que la palabra de Dios no ha sido escrita para los demás, sino que también yo estoy incluido en los planes de Dios nuestro Padre, porque soy parte de la humanidad. El Señor espera frutos de mi vida. ¿Qué estoy dispuesto a entregarle?

En nuestra tradición cristiana los viernes siempre han sido días penitenciales sobre todo en Cuaresma.  ¿Será que se nos pide algo que no somos capaces de realizar?  Tampoco se trata de exigirnos algo para salir del paso y “quedar bien con el Jefe”.  Se trata sobre todo de dar sentido a nuestra vida; que el tiempo no se me vaya de las manos inútilmente, pues no hay forma de recuperar el tiempo perdido, sino es llenando de sentido el tiempo que se nos regala cada día.

Cuenta el P. Silvio A. Ortiz:

“Satanás reunió a todos sus diablitos para una cumbre mundial de sus secuaces  y en el discurso inaugural dijo:  -No podemos permitir que los cristianos establezcan una relación íntima con Dios  a través de la oración, los sacramentos, lecturas bíblicas, sacrificios y penitencias, pues una vez que se da esta relación entonces los perdemos y será imposible llevarlos al infierno.
-  En las iglesias y en las reuniones de grupo inventemos chismes y dividamos a los cristianos para que salgan de ahí con sus mentes perturbadas.
Uno de los presentes preguntó: ¿Y qué podemos hacer?
Satanás respondió: “Robémosle su tiempo” de manera que no tengan tiempo para Dios. Lo que quiero es que los distraigan durante todo el día.
-¿Y cómo haremos eso? –preguntaron.
Y Satanás respondió:
- Llévenlos al consumismo, es decir, a gastar, gastar y gastar. Y que no haya tiempo para los hijos ni para sus seres queridos”.

Cuánto bien nos pueden hacer estos 40 días de preparación a la Pascua, si intentamos poner en práctica algunos propósitos urgentes que no somos capaces de cumplir a lo largo del año. Hasta el diablo tiene su estrategia para apartarnos del camino que nos puede llevar a Dios. Son las tentaciones modernas.

Vuestro hermano en la fe
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

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