Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, Misionero Claretiano

Queridos amigos:

El evangelio de hoy nos trae una parábola muy conocida llamada del rico y el pobre Lázaro.

¿Cuál fue el pecado del rico que lo llevó a sufrir la condena en la otra vida? El pecado del rico consistió en haber hecho de las riquezas su dios; y este dios mató su corazón, su sensibilidad y su humanidad, pues a su alrededor ya no existían otras personas más que él. ¿Cómo iba a poder ver a aquel  pobre hombre despreciable, Lázaro,  tumbado a la puerta de su palacio esperando algunas sobras para comer?

La parábola continúa explicando que esta vida terrena se acaba tanto para los pobres como para los ricos. Y hay un juicio de Dios que nos espera a todos por igual para enfrentar la verdad o la mentira de nuestra vida. El rico descubrió demasiado tarde que había equivocado el camino: no había sitio para él en el cielo que es el reino de la fraternidad  y del amor.

En un segundo momento dice el evangelio que el rico se acordó de sus hermanos que llevaban el mismo camino equivocado que él y le pidió a Dios: “que vaya Lázaro a avisarles”. ¿Serviría para algo la palabra de Lázaro siendo como era el pobre lleno de llagas, tumbado a la puerta de la casa y al que sólo los perros se acercaban? Se burlarán de él diciendo: ¡Qué nos puede enseñar un hombre tan miserable! ¡Qué sabrá él de la “otra vida”!

Para cambiar su forma de pensar les bastaría con detenerse a escuchar el Evangelio. Pero muchos leen este texto de hoy y no sienten que deban cambiar nada. Piensan que el dinero que tienen con su esfuerzo se lo han ganado y pueden hacer con él lo que les venga en gana.

Lo que interesa es disfrutar de esta vida y nada más.

En muchas ocasiones el Papa Francisco se ha referido al dinero “que roba el alma”. “Las riquezas son buenas y sirven para hacer muchas cosas buenas, para sacar adelante a la familia: ¡esto es verdad! Pero si las acumulas como un tesoro, ¡te roban el alma!”. “El dinero enferma también el pensamiento, y lo hace ir por otro camino. Algunos incluso llegan a considerar la religión como una fuente de ingresos”. “¡Sí, el dinero lo corrompe todo! ¡No hay salida!”.

Por eso en su mensaje para esta Cuaresma nos escribe: “El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás”.

¿Qué se puede comprar con dinero?:
La mejor cama del mundo, pero no el sueño ni la paz.
La más rica comida, pero no el apetito.
Un libro, pero no la inteligencia. 
Una casa, pero no un hogar.
El lujo, pero no la belleza.
La medicina más cara, pero no la salud.
El sexo, pero no el amor.
La diversión, pero no la felicidad.
Un  crucifijo de oro, pero no la Fe.
Una precioso panteón en el cementerio, pero no el cielo.
Si tenemos fe en Dios , el dinero no lo es todo en la vida.

No siempre Dios te da lo que le pides, pero siempre te dará lo que de verdad necesitas.

Vuestro hermano en la fe
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

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