Comentario al Evangelio del

José Luis Latorre, misionero claretiano

Queridos hermanos:

En este pasaje encontramos que Jesús rompe las barreras impuestas por el judaísmo: misiona  en Tiro territorio no judío-; acoge y habla con una mujer cananea –pagana- que le pide  por su hija enferma; da una respuesta aparentemente despreciativa “no está bien quitar el pan de los hijos y dárselo a los perros” (los judíos llamaban perros a los paganos); y habla de migajas.

¡Cuántos prejuicios tenían los judíos! Creo que nosotros no tenemos menos. Y así como entonces los prejuicios enrarecían las relaciones personales y la vida social, hoy también tienen sus consecuencias. Los prejuicios nos hacen olvidar que todos somos iguales aunque seamos diferentes en el color de la piel, en el modo de hablar, en las creencias religiosas, en la forma de ver la vida, en el pensar y sentir… Estas cosas tan sencillas a veces crean murallas materiales y espirituales que nos separan en vez de acercarnos. Lo que es un bien y una riqueza se convierte en pobreza por los prejuicios que nos llevan a encerrarnos solo en lo nuestro y pensar que no hay otras cosas buenas fuera de las nuestras. Los prejuicios crean “guetos” y fomentan los fanatismos.

Los prejuicios pueden incluso hacernos pensar que está bien que haya “perros” y “migajas”, es decir personas  heridas, enfermas, desconcertadas, confusas, descartadas, recluidas…; que las fronteras son buenas para protegernos y defendernos. Sin embargo ¡qué diferente la actitud de Jesús! Para Él no existen las fronteras de pueblos ni de personas: a todos anuncia el Evangelio y hace el bien. Él se da a todos, pero en especial a los más necesitados. En este pasaje es a la hija endemoniada de la cananea, mañana será el sordo tartamudo….

Cristiano es aquel que tiene el espíritu de Cristo y vive hoy como Él vivió. Se trata de tener los mismos sentimientos de Jesús y actuar con los mismos valores que actuó Él.

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