Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

Algún experto ha dicho que la parábola de hoy debería llamarse “del sembrador impertérrito”. Efectivamente hace falta tener moral para, después de tanto fracaso, continuar esparciendo semillas, en una geografía en la que, por un agente u otro,  termina secándose o siendo devorada. Pero, gracias a ese tesón, la semilla finalmente “siente la caricia del terruño y abre sus entrañas a la vida”, según celebra la conocida zarzuela.

Jesús debió de decir esta parábola a gente desencantada, que le tildaba de ingenuo y le invitaba a abrir los ojos: ¿no te das cuenta, Maestro, de que cada uno está a lo que está? ¿de que ese asunto del Reino te interesa a ti y cuatro infelices más? ¿de que te persiguen las autoridades religiosas y las civiles? ¿de que entre tus mismos seguidores hay más envidiejas y ambición que concordia? A pesar de tan “razonables” advertencias, Jesús siguió sembrando esperanzado.

La parábola del sembrador está emparentada con las de la levadura y del grano de mostaza; son las designadas como “parábolas del contraste”: en algo aparentemente insignificante se encierra un potencial increíble. “Demos tiempo al tiempo”, suele decirse.

A la parábola sigue una explicación, probablemente no original de Jesús, cuyo lenguaje era suficientemente claro, sino de la Iglesia primitiva. La existencia de esta Iglesia es la demostración de que los afanes de Jesús no fueron vanos; ella es su fruto. Pero un fruto no exento de riesgos de malograrse. Hay creyentes “despistados”, olvidadizos, o tan ocupados en otros asuntos que su fe puede terminar desvitalizándose, asfixiada en el barullo de lo intranscendente, frívolo, o, sencillamente, secundario, que ha logrado ocupar el puesto principal. Llamadas muy oportuna. ¿Dónde fijo yo la atención?

Entre parábola y explicación (o aplicación) hay un texto difícil. Una traducción defectuosa de la lengua de Jesús al griego acaba dejándonos la impresión de que Jesús tuviese mala intención para con algunos: “no sea que se conviertan y se les perdone” (!!!). Muy probablemente quiso decir: “todo les resulta un enigma (en vez de parábola), salvo que cambien de actitud…”. Es decir, lo de Jesús resulta ininteligible para quien se sitúa deliberadamente “fuera”, para quien se hace el escéptico y se queda a la expectativa. Además de inteligencia requiere empatía, candor de corazón, cercanía… A Jesús le entienden los seguidores; dar explicaciones a endurecidos es perder el tiempo. El marinero del romance medieval decía: “yo no digo esa canción sino a quien conmigo va”.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

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