Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, cmf

Queridos amigos:

Hoy la Palabra de Dios en el Antiguo Testamento nos presenta una escena estremecedora: el enfrentamiento entre David y Goliat. Es todo un símbolo de la  lucha entre el bien y el mal, del que confía en Dios o en sus propias fuerzas. ¿De quién será la victoria? De quien confía en Dios, tal como recuerda el salmo: “Dios salva a David su siervo”.

En el evangelio de hoy aparece Jesús curando a un enfermo que tenía una mano paralizada. Hay un alboroto en la sinagoga donde están reunidos porque esa acción que realiza Jesús, no está permitido realizarla en el día sábado. Con esta sanación Jesús quiere demostrar a sus oponentes que los excluidos por una falsa interpretación de la Ley, son el centro de su preocupación. En su esfuerzo por educar las conciencias Jesús no escatima explicaciones para hacer reflexionar a quienes le escuchan, a fin de que no se  dejen manipular. El que busca la voluntad de Dios nunca se equivoca.

Curar aquella mano paralizada tiene un significado decisivo para el enfermo, pues la mano simboliza nuestra capacidad de trabajar, de construir, pero también de dar, de aportar algo, de hacer el bien. Por eso, con este milagro Jesús curaba mucho más que una mano. Promovía a esa persona para que pudiera vivir con dignidad y sentirse fecunda en la sociedad. Sin embargo los fariseos eran incapaces de alegrarse por el bien de la persona curada. Esto indignó a Jesús, que los miró lleno de enojo. Cómo se entristece Jesús cuando nos volvemos incapaces de alegrarnos por el bien ajeno.

El endurecimiento de los fariseos es tan grande que deciden terminar con Jesús y eliminarlo. ¿Es posible tanta ceguera, tanta maldad? ¿Cómo pueden pensar que honran a Dios impidiendo el bien de una persona que está enferma?

Termino con una nota sobre una celebración local de la festividad de San Antón, a quien la liturgia festeja hoy. Vivo en Barbastro (Huesca) y, como en otros muchos lugares de España, multitud de barbastrenses se congregan este día en la plaza de la Constitución para celebrar el día de san Antón, a fin de que sus animales domésticos reciban la bendición del santo.  Así son algunas tradiciones de la religiosidad popular, y los animales  - perros, gatos, pájaros…- que forman arte de la familia, obtienen la gracia de su protector al que también se honra con grandes hogueras.

Uno se admira de la fuerza que tiene la religiosidad popular. Y hoy día que con tanta insistencia se nos pide el cuidado de la creación, vemos con más claridad el valor que tienen estas tradiciones ancestrales, pues saben reconocer el regalo de la naturaleza que nos rodea y que nuestro Creador ha  puesto a nuestra disposición. Y le damos gracias cuidándola lo mejor posible, empezando por los animalitos que tenemos en casa.

Vuestro hermano en la fe
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

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