Comentario al Evangelio del

Fernando Prado, cmf

Saludos, amigos,

Cristo es la luz de las gentes. Así lo declara el anciano Simeón. Es una luz que brilla en las tinieblas, capaz de encender los corazones e iluminar el camino de aquel que quiere guiarse bien en la vida. Sin embargo, “quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, aún está en las tinieblas”, dice la epístola de Juan que hemos leído o escuchado en la liturgia de hoy.

Ciertamente, la luz de Cristo está siempre unida a nuestros hermanos. Nuestra fe es una fe que crea fraternidad y nos lleva a ser más hijos y más hermanos. Nuestra fe, así, es fuente de verdadera humanización y de solidaridad con los demás. De lo contrario, nuestra fe no es la de Jesús.

Por ello nuestra fe nos da un criterio de discernimiento, por el cual podemos distinguir y ante el cual se ponen al descubierto muchos corazones. Es un principio importante por el cual nos podemos guiar: todo lo que crea fraternidad, procede del buen espíritu. Aquello que la destruye, no lo es.

Simeón se dio cuenta de que en sus manos estaba aquel que hizo de la fraternidad el sello y certificado de garantía de las promesas. Dios hecho hombre nos hace a todos hermanos y, por tanto, hijos. En esto consistirá caminar en su luz: en ser un poco más hijos y un poco más hermanos.

Pidamos al Señor en este día la gracia de poder vivir esta filiación y esta fraternidad que se nos ha manifestado como luz en Jesús. Que tengamos un buen día y que la Virgen María, que sabe mucho de estas cosas, nos arrope bajo su manto de ternura y misericordia.

Un saludo cordial de vuestro hermano,
Fernando Prado, cmf.

Comentarios
Ver 21 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.