Comentario al Evangelio del

Juan Lozano, cmf

Querido amigo/a:

El deseo de plenitud que subyace en el corazón humano, no es para el creyente una ilusión. El hombre no es «una pasión inútil», como creerá J.P. Sartre. Dios tiene un proyecto de plenitud para cada uno de nosotros. Pero, para que una plenitud sea humana, ha de consistir en el encuentro de una persona con otra Persona. El ser humano no se satisface plenamente en su relación con las cosas, como insisten en vendernos estos días con todos los reclamos publicitarios.

Esta estructura de nuestro ser se refleja en nuestro deseo de Dios. Tal deseo late, a veces muy soterrado y disfrazado, en cualquiera de nuestros deseos. Hay deseos que son espejismos, como el que sufre en el desierto el viajero sediento que «ve» un oasis. La esperanza no es así. Es un deseo confiado, aunque resulte hoy difícil esta confianza. Es difícil esperar, pero es necesario. ¿A quién haremos caso: a la dificultad o a la necesidad? Para una mirada sin fe, tal vez resulte igualmente razonable y arriesgado confiar o no confiar. Para una mirada creyente, la salida es esperar confiados en la fidelidad de Dios, que es una de las cualidades de su amor. Dios es Amor Fiel. Esta fidelidad es la garantía divina de nuestra confianza y, por tanto, de nuestra esperanza.

Reflejo de lo dicho anteriormente lo vemos en la Palabra de hoy, que nos presenta a dos mujeres estériles: la esposa de Manoj e Isabel, la esposa de Zacarías. La primera es bendecida con la visita del ángel del Señor y la fertilidad de su hijo Sansón, futuro jefe carismático de Israel. La segunda es bendecida con la fertilidad de su hijo Juan, el Bautista, anunciada a su esposo por el Ángel Gabriel. Dios transforma dos situaciones de esterilidad en fertilidad. En la cultura judía, morir sin tener hijos, sin dar descendencia, era una maldición, la mayor de las desgracias que podían ocurrir a una familia. La fe de estas mujeres bíblicas es premiada con la fertilidad. Hoy, la mayor desgracia es haber vivido una vida sin frutos, sin pena ni gloria; haber pasado por este mundo sin dejar nada de amor. Por eso el nacimiento de Dios quiere hacernos fértiles, porque nos llena de vida para repartirla a los otros. Su amor nos fecunda para que nosotros sigamos creciendo en el amor. ¿Cómo? Amando allí donde estemos. Eso es ser fértil. Eso es “dar a luz”.

Hoy día 19 la antífona es “Oh renuevo del tronco de Jesé” (Radix). Con lo que ya tenemos tres letras que de momento forman: SAR=(Sapientia-Adonai-Radix) ¿Qué mensaje nos descifrará este acróstico litúrgico? Habrá que esperar…

Vuestro hermano en la fe:
Juan Lozano, cmf

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