Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz, misionera claretiana

Queridos hermanos:

Cuenta una antigua tradición que celebramos a San Simón y San Judas el mismo día porque siempre iban en sus correrías apostólicas predicando juntos. Uno se apodaba “el Zelote” y otro “el Tadeo”. Uno, aludiendo a su pertenencia a una banda armada violenta de resistencia y otro que significa “el valiente”, de corazón bastante apasionado -por lo que sabemos-.

Imagino que tanto Simón el Zelote como Judas Tadeo, en el ala más tradicionalista, estarían encantados escuchando a Jesús las palabras del evangelio de ayer: ¡vengo a traer fuego, nada de paz sino división y guerra!

Y me imagino que a otros discípulos como Juan o Felipe, de corte más helenista, les enfadaría bastante estos arranques de Jesús.

Me apuesto a que unos y otros se sentían desconcertados con Él y desbordados con su libertad. Ni contigo ni sin ti… Al César lo que es del César… No convirtáis la Casa de mi padre en un mercado… Mi Reino no es de este mundo…

Me vienen a la cabeza enfrentamientos sociales recientes o cualquier conflicto político en todo tiempo. Cuanto más complicado es un asunto, más difícil es ver juntos a quienes se sitúan ideológicamente en las antípodas. No sé si hay algún caso como el de Jesús y sus apóstoles. No sé si alguien que haya llevado a cabo una empresa semejante rodeado de gente tan dispar.

El evangelio de hoy recuerda la llamada de Jesús a los doce. Por su nombre. Con su identidad propia. Y los llama siempre para todo el mundo, para todos, por todos los lugares.

Qué curioso… Tantas veces nosotros agarrados a “mi” bandera”, “mis” valores, “mi” partido”, “mi” patria, “mi” visión…. Y Jesús y su Evangelio empeñado en que la fuerza que sale de él cure siempre “a todos”, “a todos”, “a todos”.

Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz, misionera claretiana

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