Comentario al Evangelio del

Ciudad Redonda

Queridos hermanos:

Muchos de los que aspiraban a ser seguidores de Jesús nunca pasaban de la buena intención. En su mayoría se rezagaban en el camino; les interesaba de alguna manera el llamado de Jesús, pero las preocupaciones inmediatas los confundían.

El primero se pone a pensar largo, pues Jesús le pone en evidencia que él no le ofrece seguridades de ningún tipo. El seguidor de Jesús debe aprender a vivir más libre de las ataduras que los animales silvestres.

El segundo se pone a considerar el momento oportuno, y éste no se corresponde con el llamado de Jesús. Ese discípulo, que puede ser cualquiera de nosotros, le dice a Jesús que lo seguirá, pero siempre y cuando sus progenitores hayan fallecido. Por lo tanto, el Maestro debe esperar hasta que el padre haya muerto y el candidato a discípulo haya asegurado la herencia, para que esté disponible y pueda seguirlo. Jesús le contesta con una frase tajante: si usted se dedica a anunciar el Evangelio, abandone las preocupaciones de la herencia y ponga manos a la obra ahora mismo, que para mañana es tarde.

El tercero espera el reconocimiento de sus parientes, su apoyo, para afiliarse al grupo de discípulos. Jesús lo confronta poniéndole en evidencia cómo las exigencias y la urgencia del seguimiento no dan para que un ser humano adulto espere la aprobación de los demás con el fin de hacer lo que le corresponde.

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