Comentario al Evangelio del

Ciudadredonda

Nosotros: contigo y como Tú

La vocación más profunda del ser humano es ser hijos en el Hijo, ser “otros Cristos”. Si creemos esto de verdad, tendríamos que acercarnos al Evangelio como a un espejo. Desde aquí os comparto hoy 3 subrayados fundamentales:

  • Jesús es un hombre libre. Es capaz de seguir las costumbres de su pueblo y de la sinagoga, sin temor a que le encasillen, sin temor a que la novedad que trae quede oculta. Porque tiene la misma libertad para recrear la Palabra y la tradición: Él que es la Palabra definitiva. Si tienes hoy un rato puedes comparar la lectura que hace de Isaías y lo que el texto de Isaías dice literalmente… verás que omite una frase muy significativa. Con razón todos tenían los ojos fijos en él. Y con la misma libertad que cumplió la costumbre del sábado, se levantó y se abrió paso entre sus reproches, violencias y prejuicios. Querían matarlo, no es broma. Y Jesús no hace frente a los ataques con más violencia sino con más libertad. Y es que, cuando alguien es libre de verdad, profundamente, nos transmite una autoridad tal que difícilmente nos atrevemos a mantener nuestro empeño. Es esa libertad que nada tiene que ver con la arrogancia o el “todo vale”. Es la libertad honda de Jesús.
  • Jesús es la Palabra hecha carne, hecha vida. Por eso puede decir con toda verdad: “hoy se cumple esto que acabáis de oír”. Ninguno de nosotros podremos decirlo como Él, pero sí estamos llamados todos a poder decir cada vez que proclamamos la Palabra: “que esto se cumpla hoy en mí”. De algunos recibiremos aprobación, de otros incredulidad, de otros rechazo… pero ¡qué importa! Lo decisivo es qué nos dice Dios cuando proclamamos su Palabra y nos miramos a nosotros mismos: ¿En mí se cumple hoy? Ciertamente, nuestra vida es la única Biblia que muchas personas van a leer. Como el mismo Cristo, también nosotros estamos llamados a ser Palabra de Dios hecha vida.
  • El  Espíritu del Señor está sobre mí. Sobre ti y sobre mí, porque nos ha ungido, nos ha enviado para anunciar y para “actuar”. ¡Cuánta confianza nos daría caminar por la vida sabiéndonos bajo su Espíritu! Quizá podríamos decirnos cada mañana algo así:
  • “El Espíritu del Señor está sobre mí. Su sombra me cubre y me protege, me cobija. Nada más hay sobre mí. Nada más me unge. Sólo Él. No hay carga sobre mí. No hay pesos que me aplasten. Sólo su Espíritu está sobre mí. Sólo su Espíritu consolador me envía y acompaña. ¿Cómo no contar a todos la gracia de Dios?”.
Comentarios
Ver 16 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.