Comentario al Evangelio del

Ciudadredonda

Queridos hermanos:

Los textos de hoy, mañana y pasado pertenecen al quinto y último gran discurso del evangelio de Mateo: es el discurso escatológico, completado con distintas recomendaciones que llaman a la vigilancia. Y se explican estos llamamientos: en las comunidades primitivas, la espera de la pronta llegada del Señor había perdido la tensión de los primeros tiempos; el Marana ta (¡Ven, Señor Jesús!) no resonaba ya con la misma fuerza; el retraso de la parusía propiciaba cierta relajación de las costumbres.

Quizá hayamos recordado en alguna otra ocasión un pensamiento de Theodor Adorno, pero puede venir bien recordarlo de nuevo. Decía este filósofo: «los hombres de nuestro tiempo son capaces de todo, incluso del amor, pero no de la fidelidad». Parece que acertaba. Uno de los personajes de la novela y la película “El Diario de Brigitte Jones”, de Helen Fielding, venía a decir lo mismo: vivimos “en la cultura de los tres minutos”, y lo refería a la crisis de las relaciones amorosas de larga duración. Años antes que Fielding, el dibujante Romeu presentaba una tira de viñetas alusivas al nomadismo religioso de los jóvenes: abandonaban su tradición católica, se dejaban atraer por el budismo, luego se asomaban a cultos sincretistas y así mariposeaban de religión en religión, sin “atarse” a ninguna.

El evangelista lanza un aviso a los dirigentes de las comunidades cristianas y a todos en general: nos llama a la fidelidad al Señor plasmada en la constancia en un servicio solícito. La erosión del tiempo, la aparición de problemas, la indiferencia de muchos, la oposición de otros, la sensación de que no se avanza ni se mejora y, en fin, las tensiones en el seno del grupo ponen a prueba la solidez de nuestras adhesiones y la tenacidad en el cumplimiento de nuestros compromisos. ¿Salimos airosos de estas pruebas?

Rimando con el evangelista Mateo, la Madre Teresa de Calcuta –según refieren– decía lo siguiente: “Lo que a nosotros se nos pide no es éxito, sino fidelidad. Si en esa fidelidad nos tenemos que desvivir, habremos aprendido la verdadera sabiduría de la vida”. ¡Ojalá podamos decir: “soy fiel, luego existo”!

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