Comentario al Evangelio del

Bonifacio Fernandez, cmf

Jugando con la palabra vocación podemos contemplar distintas dimensiones de la llamada a construir la propia vida como seguimiento del proyecto esperanza que Jesús, el Mesías. San Benito traduce el seguimiento en su tiempo como vida monástica, entendida como “escuela del divino servicio”.

  1. Vocación
    El seguimiento parte del encuentro actual con Cristo. Cristo llama desde la gloria. Sigue llamando y atrayendo como resucitado de entre los muertos. Sigue llamando desde el futuro; arrastra hacia sí la peregrinación de la historia humana. La historia humana está llamada hacia la plenitud. Existe un punto de atracción final, un punto Omega donde convergen los dinamismos de los corazones humanos. Mientras vivimos en la historia como Benito: “no anteponer nada al amor de Cristo”.
  2. E-vocación
    La vocación es evocación; se constituye como memoria de las llamadas de Jesús a la escuela del discipulado. El paradigma de aquella llamada y de aquella convivencia sigue siendo un acicate a lo largo de la historia de la iglesia. La evocación de la llamada y de la respuesta de los primeros discípulos es fuente de fecundidad. Hoy celebramos la vocación y fecundidad de Benito. Constituye un hito especial en las historias de seguimiento de Jesús. “El que por mi deja casa, hermanos y hermanas, padre o madre, mujer, hijos y tierras, recibirá cien veces más y heredera la vida eterna”.
  3. Pro-vocación
    La vocación al seguimiento es provocación; es vocación hacia delante; a dejar el pasado; a inventar el futuro nuevo. Pedro lo confiesa en el texto de hoy: “nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido” Somos llamados a mirar hacia el futuro, hacia la renovación…hacia la gloria del Hijo del Hombre. Como Pedro somos llamados a proseguir la misión mesiánica de Jesús. Participamos en su misterio y en su misión: La causa del reino de Dios, como reunión de la gran familia de los hijos y de los hermanos sigue siendo una incómoda pro-vocación para un estilo de vida acomodado, que ha renunciado a  proseguir el camino de la utopía de Dios, que ha dejado de creer que otro mundo es posible; en la letra minúscula de la vida personal y la en la mayúscula de la historia colectiva.

Bonifacio Fernández, cmf

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