Comentario al Evangelio del

Luis Manuel Suarez, cmf

Queridos amigos:

En el Evangelio de hoy, Jesús nos da un criterio para distinguir las apariencias de la verdad: mirar los frutos, fijarnos en los efectos de lo que hacemos o decimos.

Así es el Reino de Dios: una pequeña semilla que se la conoce por sus efectos. No por su apariencia, no por su ostentación… A veces, incluso, puede parecer insignificante. Sin embargo, sin que se sepa cómo, va creciendo y dando fruto.

Así fue la vida de Jesús. Comparado con la inmensidad de la historia, treinta y tres años de vida son un pequeño momento del tiempo de la humanidad. Y vista desde fuera, su vida puede parecer un fracaso: maestro de unos pocos seguidores, entregado por los que antes le aclamaban, asesinado como se ajusticiaba a los malhechores… Y, sin embargo, ahí están sus frutos: un puente entre Dios y la humanidad que nada ni nadie podrá ya destruir; un fuego en el centro de la historia, que nada ni nadie podrá apagar; una semilla de vida nueva, disponible para quien la quiera acoger y cultivar.

Jesús es el árbol sano que da frutos sanos. Quien se acerca a Él, recibe salud y se le curan sus heridas para poder ser, también, portador de buenos frutos, por el Espíritu.

“Por sus frutos los conoceréis”.

Gracias, Señor, por sanar mis raíces
y llamarme a dar, en mi vida,
los frutos del Espíritu:
amor, alegría, paz, paciencia,
afabilidad, bondad, fidelidad,
mansedumbre y dominio de sí.

Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF (luismanuel@claretianos.es)

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