Comentario al Evangelio del

Fernando Torres cmf

 

      Lo de cuidar la imagen ha sido algo que ha preocupado de siempre a las personas. En todas las partes del mundo, en todas las culturas. Tiene su razón de ser. La apariencia externa es lo primero que se ve y los demás nos juzgan y valoran inevitablemente por nuestra apariencia externa, por nuestra imagen, por lo que ven de nosotros. Eso es así y es difícil de cambiar. Por eso nos vestimos de una determinada manera y no de otra. Y con la forma como nos vestimos ya estamos comunicando algo a los demás. Por eso hablamos de una determinada manera y en la forma ya comunicamos algo de nosotros mismos. Tanta importancia tiene la forma de hablar, de vestirse, los gestos, etc, que a veces todo eso es más importante que lo que decimos o hacemos en concreto.

      El problema es cuando la imagen se queda sólo en eso, en imagen, en apariencia, en cáscara vacía. Cuando no hay concordancia entre lo que se quiere aparentar y la realidad que hay detrás. Y me da la impresión de que es a eso a lo que se refiere Jesús. 

      Porque la vida cristiana es cualquier cosa menos apariencia. Es más, la vida cristiana es cualquier cosa menos cuidado de las apariencias. La vida cristiana, seguir a Jesús, es amar como Dios nos ama. Así de sencillo. Seguir a Jesús nos impone una coherencia de vida entre lo que somos, lo que vivimos, lo que hacemos y decimos, y nuestra apariencia, lo que dejamos ver a los demás. 

      Es terrible cuando descubrimos que un político o un amigo o cualquier persona de nuestra sociedad es incoherente. Cuando nos enteramos de que el juez en realidad está pagado por los delincuentes y sólo aparenta hacer justicia. Pero es mucho peor cuando nos encontramos con alguien que se las da de cristiano y, de repente, descubrimos que su vida real no tiene nada que ver con lo que predica, con la imagen que aparenta. 

      Así que cuando nos dediquemos a orar o a ayunar o a dar limosna, el hecho de que los demás nos vean o no nos vean es secundario. Lo importante es centrarnos en lo que hacemos, en lo que creemos que debemos hacer. Hasta es posible que alguno malinterprete lo que hacemos. No pasa nada. Porque lo importante no es la imagen que ofrecemos sino lo que de verdad hacemos. ¡Si Jesús hubiese cuidado un poco más las apariencias seguro que no hubiese terminado en la cruz!

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