Comentario al Evangelio del

Fernando Prado, cmf.

Saludos amigos,

Jesús es un gran observador y nada se le escapa. No es que Dios nos esté mirando como Jesús observaba aquel día en el templo. No es un fiscalizador. Simplemente nos conoce y sabe de nuestras dificultades y de lo que bulle en nuestro corazón. Lo sabe porque nos ama y se preocupa de nosotros.

El Evangelio de hoy no necesita de grandes explicaciones. Se comprende perfectamente lo que nos quiere decir con esas dos estampas que ve Jesús: la de los fariseos y la de la viuda. No se trata de la cantidad, ni de hacer mucho ruido. Lo importante es darse a uno mismo, y cuánto de mí pongo en lo que doy, en lo que hago.

La viuda echa de lo que necesita para vivir, sin esperar nada a cambio. Los escribas y fariseos echan de lo que les sobra, probablemente esperando el aplauso y la consideración de los demás. “Haz el bien, y no mires a quién”, dice el refrán popular. Es mejor dar limosna que atesorar, hemos escuchado en la primera lectura. Lo importante es “atesorar tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni nada puede echarlos a perder…”.

Pidamos hoy la gracia de descubrirnos honestos y transparentes ante Dios al preguntarnos cuánto de nosotros estamos poniendo en el altar de la vida. Como hemos leído en la primera lectura del libro de Tobías, la mejor recompensa, sin duda, es saber que “dando es como nos saciaremos de vida”. Solo se encuentra la alegría del Evangelio cuando salimos, cuando nos damos y rompemos nuestra conciencia aislada. Lo contrario nos lleva a vivir con un corazón encorvado sobre uno mismo, es decir, al pecado, a la tristeza, al vacío. Al menos, eso es lo que yo experimento cuando vivo solo para mí, buscando el aplauso, olvidándome de los demás.

Buen fin de semana. Que tengamos un buen día.

Vuestro hermano y amigo,
Fernando Prado, cmf.

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