Comentario al Evangelio del

Fernando Prado, cmf.

Saludos, amigos,

Después de Pentecostés, los creyentes, con la fuerza del Espíritu Santo somos capaces de anunciar que Jesús es el Señor. Proclamamos que Dios ha constituido a Jesús en Señor del universo, principio y fin de la historia, horizonte del ser humano.

Dios, que habló a los hombres de múltiples maneras, en esta última etapa de la historia nos ha hablado por medio del Hijo: de Jesús.

Él es el rostro visible del Dios invisible. Es el sacramento del Padre por el cual Dios nos ha mostrado su rostro misericordioso. En él, la Iglesia tiene su reflejo, su modelo y su inspiración única y profunda. Sí, Dios se nos ha dado a conocer en Jesús.

Sin embargo, no siempre los hombres hemos aceptado esta Palabra. En vez de colaborar con el Espíritu, los hombres muchas veces hemos querido ahogar sus planes.

Precisamente los sacerdotes, los escribas y ancianos, los que saben de religión, son los primeros que se resisten a la palabra verdadera. No pocas veces, algunos se han querido apropiar de la viña, controlarla, hacerla propia y gobernarla. Pero la viña es de Dios y por ello, nadie puede frustrar sus planes.

Dios es el más interesado en llevar su plan adelante. Querer matar al mensajero es una tentación pero, en definitiva, el Señor hará su camino, a pesar de las resistencias de los hombres.

El plan de Dios, el Reino, es mucho más grande que nuestros planes. Es un mensaje que no se puede sofocar tan fácilmente. La historia, gracias a Dios, no depende exclusivamente de nosotros. La historia está en sus manos. “Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”. Saber que la obra no es nuestra, sino que es de Dios, nos da tranquilidad a los que a veces nos creemos propietarios de la Viña. Es la viña del Señor y sobre ella, Él tiene la mayor responsabilidad. Lo que nos cabe preguntarnos es si queremos o no ser colaboradores con el Espíritu en la misión, si estamos dispuestos a ceder nuestro lugar y no entorpecer la labor que el Espíritu ya está actuando en la historia.

Pidamos hoy la gracia de ser conscientes de esta verdad: el es el viñador, la viña es suya. Nosotros, siervos inútiles que no hacemos, ni más ni menos, que lo que tenemos que hacer.

Que tengamos un buen día.

Un saludo cordial de vuestro hermano
Fernando Prado, cmf.

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