Comentario al Evangelio del

Fernando Torres cmf

 

      ¡Último día para celebrar la Pascua de Resurrección! Es una fiesta tan importante para los creyentes en Jesús que le dedicamos siete semanas enteras. ¡Jesús ha resucitado! ¡Jesús vive! ¡El amor de Dios es más fuerte que la muerte, que el pecado, que la injusticia, que el dolor! La esperanza del Reino ya no es un sueño inalcanzable sino una realidad que podemos/debemos construir aquí y ahora. Todos los sueños de fraternidad son posibles desde la resurrección de Jesús. 

      Pero eso no significa que la vida tenga todavía sus limitaciones. Hay que saber contar con ellas. Forman parte de este camino de la vida que todos debemos andar. La resurrección de Jesús no nos libera del compromiso por la justicia y la fraternidad y el amor. Y ese compromiso se tiene que reflejar en nuestra vida concreta. Parte de ese compromiso es liberarnos también de esas miserias que a veces están demasiado presentes en nuestro corazón (envidias, egoísmos, violencia, rabia, odios...)

      No nos tenemos que desanimar en este camino de liberación y hacia el reino. No es fácil. Hasta los mismos apóstoles, los que convivieron con Jesús, los que le sintieron y experimentaron vivo en medio de ellos después de haberle visto crucificado, siguen con esas tendencias un poco fratricidas, esas limitaciones a que me refería en el párrafo anterior. 

      No es posible interpretar de otro modo el comentario de Pedro a Jesús en el Evangelio de hoy. Es fruto de una cierta envidia, de querer saber si él era realmente el más importante entre los discípulos. La respuesta de Jesús, como tantas otras veces, es bien clara: “¿A ti qué te importa? Tú sígueme.” 

      Si eso le pasaba a Pedro, que había convivido con Jesús, que había aprendido de sus labios lo que era la buena nueva, que había visto con sus ojos como Jesús hacía presente el amor de Dios para todos y creaba una nueva fraternidad libre de envidias y odios en torno a él, ¿no tendremos que tener paciencia con nosotros mismos cuando afloren esas tendencias cainitas?

      Pero tener paciencia y misericordia con nosotros mismos y con los demás no significa contemporizar o pensar que todo da lo mismo. En el camino hay que ir superando esas miserias, hay que seguir construyendo el reino y la fraternidad. Porque a cada uno de nosotros Jesús también nos sigue diciendo: “Tú sígueme.”

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