Comentario al Evangelio del

Fredy Cabrera, cmf.

Queridos compañeros y compañeras de camino, saludos pascuales y fraternos.

Seguimos asistiendo a las correrías apostólicas de Pablo, narradas en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Descubrimos cómo le toca enfrentarse al fanatismo y a la intolerancia de sectores judíos radicales. Esto nos lleva a confirmar aquello de que no existe “cristianismo sin cruz”.

El Evangelio de hoy nos exhorta a dos cosas: primero, a no inquietarnos ni acobardarnos frente a lo que Jesús llama “el príncipe de este mundo”; y segundo, a no olvidar la promesa que Él ha hecho de acompañarnos en las pruebas. ¿Confiamos personalmente en esa promesa hecha por Jesús de acompañarnos principalmente en los momentos más difíciles?

Recordemos que la autenticidad de nuestro testimonio se mide por la entrega de la vida. Una vida acomodada y sin dificultades, por el contrario, rehúye a todo lo que tenga que ver con el sacrificio, la renuncia y la donación desinteresada. Citamos, oportunamente, uno de los mensajes proféticos del beato Mons. Romero de El Salvador: “Una religión de misa dominical, pero de semanas injustas, no agrada al Señor. Una religión de mucho rezo, pero con hipocresía en el corazón, no es cristiana. Una Iglesia que se instalara solo para estar bien, para tener mucho dinero, mucha comodidad, pero que olvidara el reclamo de las injusticias, no sería la verdadera Iglesia de nuestro divino Redentor”. (Monseñor Romero, Homilía 4 de diciembre de 1977).

¿No será que nos hemos acomodado a una vida cristiana de misa dominical y de prácticas piadosas, pero de poco compromiso social? ¿Acaso las situaciones injustas que se viven a diario cuestionan mi vida cristiana? No olvidemos que la paz que nos brinda Jesús no se refiere a la ausencia de conflicto, sino una paz que nace como fruto de la justicia.

En el Corazón de María, su hermano:
Fredy Cabrera, cmf.

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