Comentario al Evangelio del

Juan Lozano, cmf

Querido amigo/a:

Siempre estamos pidiendo signos y pruebas como criterio de veracidad. En un mundo híper-tecnificado, corremos el riesgo de reducir toda la realidad a lo empíricamente demostrable; sin embargo, hay realidades que no pueden verificarse a través del método científico, son invisibles a este análisis, pero existen. “¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti?” le preguntan hoy a Jesús en la secuencia del Evangelio. Su dureza de corazón les impide reconocer la realidad salvífica que tienen delante de sus ojos. Es la misma dureza que recrimina Esteban, antes de ser apedreado, en la secuencia de los Hechos de los Apóstoles: “duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos”.

La verdadera prueba de que el tiempo pascual está transformando nuestro ser es que aunque vivamos lo mismo de siempre, nuestras realidades cotidianas, las miramos con otros ojos, con otro espíritu, con otro talante. Si la alegría, la esperanza, la vitalidad, la paz interior, el optimismo, están en ti, estás cerca del Resucitado. Esta es la prueba, este es el signo. Para que estas actitudes pascuales aniden en el corazón, hay que alimentarse con el Pan de vida que es Jesús. Alimento que, por cierto, no le faltó a San Atanasio, al que recordamos en la liturgia de hoy, para defender la fe católica a pesar de los cinco destierros que sufrió.

En la primera lectura, para Esteban, la prueba, el signo, es que muere perdonando a sus verdugos a imitación de Jesús en la cruz. Y ¿para ti? ¿Cuáles son las pruebas, los signos que certifican que estás en clave pascual, que tienes el espíritu del Resucitado? Seguramente los retos y los problemas serán los mismos que hace un mes; pero si la actitud ante ellos es diferente, es más “pascual”, es que el Espíritu Santo está realizando su trabajo en ti, te estas dejando alcanzar por la onda expansiva de la resurrección. Si no, ya sabes lo que hay que hacer: alimentarse, pero no de cualquier cosa, sino del Pan de Vida que es Cristo. Celebra la eucaristía. Allí te espera el Señor para alimentarte.

Vuestro hermano en la fe. 
Juan Lozano, cmf.

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