Comentario al Evangelio del

Freddy Ramírez, cmf

Queridos amigos y amigas:

Hoy se nos presenta la versión de San Mateo de la traición de Judas. Los sumos sacerdotes han acordado con él la suma treinta monedas de plata para que les entregue a su Maestro. La confabulación de las autoridades ha provocado que uno de los discípulos de Jesús claudique. Para ellos, las acciones y las palabras del nazareno no podían quedar impunes, pues rompió con el sistema de la Ley y del Templo, con los sumos sacerdotes, y con los doctores de la Ley. Advertía con claridad al pueblo: “Tengan cuidado con la levadura de los fariseos y saduceos” (Mt 16,6).

En otra ocasión, Jesús dijo: “No es posible guardar vino nuevo en odres viejos” (Mt 9,17). Jesús no vino para remendar ropa vieja con un trozo de tela nueva (Cf Mt 9,16). Es decir, Jesús no vino a restaurar el antiguo sistema cultual judío. Vino a hacer un cambio radical, como Juan Bautista ya lo había anunciado (Mt 3,10-11). Jesús decía todo esto a los maestros de la Ley, y por ello, éstos se escandalizaron y se revelaron. Jesús los llamó “generación adúltera”, palabras muy fuertes para esta élite de Israel (Mt 12, 38-39).

Para Jesús, el sistema religioso judío estaba corrompido. La alianza que había entre religión y dinero para él era idolátrica y alejada plenamente de la voluntad del Padre: “No se puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y a las riquezas” (Mt 6, 24).

Jesús viene a establecer una nueva forma de relacionarnos con Dios basada en la compasión y en el amor gratuito y, por tanto, la práctica de la ley divina es una respuesta libre y amorosa del ser humano que se siente amado por Dios. La ley del Reino, en este sentido, no consiste en un trueque de obras caritativas, sacrificios de animales, o prácticas piadosas para alcanzar la salvación, sino en amor auténtico y desbordado hacia Dios y hacia el prójimo. Romper con el esquema sacrificial del templo le costó a Jesús la pérdida de uno de sus discípulos más cercanos y la entrega de su propia vida.

Preguntémonos seriamente: ¿Quién es el primero en nuestras vidas? ¿A quién rendimos culto con nuestros pensamientos y acciones? En nuestras familias se vive un desajuste severo en la escala de valores: Dios y su justicia debe ser el primero en nuestras decisiones. Su ley debe motivarnos a crear un mundo nuevo, donde la vida y las personas sean valoradas, pues cuando perdemos de vista a Dios en las relaciones sociales y económicas, nos abrimos a la traición y se da un fracaso que cobra vidas humanas. No permitamos que nuestras idolatrías corrompan el culto que le debemos al verdadero Dios. Acompañemos con amor generoso al Varón de Dolores que, por amor a la humanidad, entrega su propia vida. Este es el tiempo oportuno.

Su hermano en la fe, Freddy Ramírez, cmf.
radioclaret@gmail.com

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