Comentario al Evangelio del

Freddy Ramírez, cmf

Queridos amigos y amigas:

En este día se nos presenta en el Evangelio el prototipo de la oración del Padrenuestro. La Cuaresma nos remite a tres prácticas para crecer en la fe y purificar nuestra vida: la oración, el ayuno y la limosna. La primera de ellas, la oración, es una de las constantes en la vida del Maestro; su quehacer diario se configura en ese diálogo con el Padre que le ama y le envía. Jesús ora durante las noches, en soledad; ora al hacer sus milagros; alaba al Padre en medio de las multitudes porque ha revelado sus misterios a los pequeños; intercede por sus discípulos en la última cena; ora en Getsemaní, y en la cruz. Todo su ministerio fluye de la oración.

Nuestra oración cristiana está llamada a inspirarse teológicamente en la experiencia espiritual del mismo Jesús. La oración de Jesús no se mueve por el exhibicionismo, ni por el deseo de manipular la voluntad de Dios con palabras frías. La oración de Jesús está encendida de amor filial; su Padre es un ser cercano, preocupado por los más más mínimos detalles, como el pan de cada día, hasta los temas más álgidos, como el mal en el mundo. Su oración no es escape de la realidad del dolor humano, sino plegaria que transforma, renueva y da fuerzas para trasformarlo desde el querer de Dios.

La oración del Padrenuestro es una síntesis hermosa de todo el Evangelio, de la propuesta de Jesús para instaurar el Reino. Por ello, cuando Él habla de la oración a sus discípulos les indica unas características esenciales:

  • Cuando oramos nos dirigimos a un Dios que es Padre, que conoce nuestra necesidad y que se compadece siempre de nosotros.
  • Esta oración está marcada por la confianza. No debe haber temor alguno, ni afanarnos por llenarnos de méritos para que Él nos escuche.
  • En la oración no se piden cosas superficiales, sino, ante todo, que se cumpla la voluntad del Padre, así en la tierra como en el cielo.
  • Lo mejor que podemos pedir al Padre es su Espíritu, aliento de vida, fuerza para vencer el mal

Hermanos y hermanas, es tiempo de fortalecer a nuestras familias según el proyecto de Dios. Precisamente es en la familia donde el amor y la fe en el Padre deben empezar a germinar enseñando a los pequeños el valor de orar. Orando, nuestras familias recobrarán la unidad y la pasión apostólica que la Iglesia necesita para esta nueva época.

Su hermano en la fe, Freddy Ramírez, cmf.
radioclaret@gmail.com

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