Comentario al Evangelio del

Juan Lozano, cmf

Querido amigo/a:

El ayuno no es un concepto incomprensible en nuestra cultura. Todos entendemos lo que significa; ayunar para realizar una dieta de adelgazamiento por motivos estéticos, de salud o deportivos, es una práctica que muchas personas realizan. Tampoco es un concepto incomprensible en el aspecto religioso: ayunar, no sólo de alimentos, sino de todo aquello que me aleja de Dios: prácticas o vicios que me esclavizan y atontan como el uso abusivo de la televisión, de las tecnologías de la comunicación, del juego, la pornografía, etc. Ayunar nos hace bien espiritualmente y la Cuaresma nos invita a ello.

Pero la Palabra de Dios de hoy nos invita a buscar un sentido más profundo al ayuno: ¿para qué ayunar? ¿Cuál es su finalidad?

El profeta Isaías critica el ayuno carente de sentido: ¿Para qué ayunar, si no haces caso? El día de ayuno buscáis vuestro interés. ¿Es ése el ayuno que el Señor desea para el día en que el hombre se mortifica? ¿A eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor? Y es que el ayuno religioso que nace del orgullo, de la concupiscencia espiritual, es decir, de la vanagloria, del puro perfeccionamiento, del narcisismo espiritual, es el ayuno que critica el profeta y contra el que nos previene la Palabra de Dios. Al ayuno religioso no le puede faltar este elemento fundamental: tiene que producir beneficio en los otros, tiene que tener consecuencias positivas para los demás, no ser un ayuno de cuyos frutos sólo yo me beneficio. No es mera “gimnasia espiritual”. Así lo explica muy bien la primera lectura de hoy: El ayuno que yo quiero es este: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no cerrarte a tu propia carne… Se trata de las obras de misericordia, a las que dedicamos tiempo de reflexión y sensibilización el año pasado año en la Iglesia.

Por lo tanto, hoy en la oración se nos invita a pensar en el ayuno que Dios quiere. Por un lado ayunar de todo aquello que te impida ser más libre y por lo tanto más receptivo a Dios, pero sin olvidar el elemento fundamental que Dios quiere en el ayuno: que beneficie a los demás. Tu ayuno tiene que repercutir en los demás, hacer la vida más agradable, más liberadora, tiene que ser luz para los otros.

Pídele luz al Señor en tu oración de hoy para contestar a esta pregunta: ¿cuál es el ayuno que tú quieres para mi Señor en este tiempo de Cuaresma?

Vuestro hermano en la fe.
Juan Lozano, cmf.


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