Comentario al Evangelio del

Julio Corredor Sáenz, cmf

Apreciados amigos y amigas de la Palabra hecha Vida:

Caín y Abel, triste episodio, el de le envidia de Caín. Por estar desconectado de Dios, se deshumaniza. Es toda una catequesis que explica lo destructivo del pecado de los celos, de le envidia especialmente cuando no se sabe valorar al ser humano. Es una sensación de estrechez. No le basta ningún espacio, ninguna ganancia. Los perores asesinos están fuera de sí, están tan insatisfechos que no caben, ni están satisfechos. Se expanden más allá de sus posibilidades. Esto lleva al punto de que necesitan ser los únicos, los insustituibles. Entran en un proceso de exterminar a todo lo que está en su espacio. Los grandes soberbios, como Alejandro Magno, Napoleón, Hitler y otros de éste tiempo son seres insaciables. Pero el ser humano está hecho para el infinito, Dios. No para otra cosa.

Hoy como ayer, pedimos signos y señales del cielo para creer en Dios. Desde siempre se ha asimilado a Dios con el poder, con lo mágico y con los portentos. No estamos diciendo que Dios no tenga poder. La señal  del cielo está en la tierra, en Jesucristo, Dios con nosotros, cercano. Además Cristo está dentro de nosotros mismos, dentro de nuestra propia historia, en el recorrido de nuestros acontecimientos, en el cada día.

Lo que el Evangelio a través de Jesús, presenta es que la lógica de Dios es muy diferente, porque la gloria de Dios está en la manifestación plena de Jesús Crucificado. Es en el Cristo colgado en la Cruz, donde Dios muestra su potencia y su gloria. En la vida cristiana nos da miedo hablar de la debilidad de Dios manifestada en Jesús de Nazaret, el Crucificado. Estamos invitados a reafirmar nuestra espiritualidad desde la idea de Dios que Jesús de Nazaret nos reveló. Hemos de vivir experimentando a Dios como Jesús lo experimentó: en la simplicidad, en la normalidad, en la impotencia. Jesús se resistió a dar señales portentosas de Dios. Lo manifestó como un Dios sencillo.

Estos le piden a Jesús una señal. Él no se presta para esto. La fe no es un espectáculo. Cristo se da media vuelta ante los que lo desafían, no como acto soberbio, sino como invitación al conocimiento de sí mismo, a quedarse sin lo espectacular, y los fariseos se quedan solos consigo mismos, con sus propias realidades de etnocentrismo, teocentrismo, egocentrismos y todos los centrismos que destruyen la comunión con Dios y con los hombres.
¿Estamos dispuestos a experimentar a Dios desde el sin-poder, tal como Jesús lo hizo?

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