Comentario al Evangelio del

Alejandro Carbajo, cmf

Queridos amigos, paz y bien.

Un día de la vida de Jesús. En el templo, primero. Después, con la familia y los amigos. A continuación, atender a los enfermos que venían de todas partes, y para tomar fuerzas, oración en soledad. Y vuelta a empezar.

Estoy seguro de que, a pesar de la multitud de gente con la que se veía Jesús, tenía una mirada de amor, una palabra, un gesto personalizado para cada uno. Cada persona, después del contacto con Cristo, se sentiría curada no solo por fuera, en la enfermedad, sino también por dentro. Esa mirada de amor sanaría el cuerpo y el alma. Y daría fuerzas para convertirse en testigo de la Buena Nueva.

Jesús iba por todas partes, para anunciar su mensaje. Sin descanso, sin prisa, pero sin pausa. Dando a todos y a cada uno una palmadita, una mirada amable, haciéndoles sentirse importantes, únicos, irrepetibles.

Para Dios todos somos únicos. Y no importa lo malos o buenos que seamos, siempre está ahí, al alcance de la mano, cerca. Y es que “el Señor se acuerda de su alianza eternamente”, como dice el salmo.

Acércate al Señor, cuando te sientas enfermo. En el cuerpo (para eso está el sacramento de la Unción de Enfermos) y en el alma (oración, sacramento de la Reconciliación…) Siempre puedes sentir esa mirada de amor.

Tú puedes convertirte en un transmisor de ese amor de Dios. Si lo has sentido en tu vida, puedes hacerlo. Si está leyendo esta página, será por algo. No dejes que la pereza te venza. Haz algo. De ti depende.
 
Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C.M.F.

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