Comentario al Evangelio del

José Luis Latorre, cmf

Queridos amigos

Comenzamos hoy las Ferias de Adviento, unos días especiales de preparación a la Navidad. Y durante estos días los textos del Evangelio pertenecen a Mateo y Lucas y hacen referencia a los acontecimientos previos al nacimiento de Jesús.  Hoy leemos el texto de Mateo que nos trae la genealogía de Jesús, es decir el árbol genealógico o el documento de identidad de Jesús, recordando a sus antepasados hasta Abraham. Tres grupos forman esta genealogía: los patriarcas, los primeros catorce nombres; los reyes de Israel, los catorce nombres siguientes, y los antepasados desconocidos, los últimos catorce nombres. Los nombres de la genealogía de Jesús no son en general de las familias más piadosas y “puras” de Israel. Por ejemplo aparecen cuatro mujeres que no tienen la mejor reputación: Rut la extranjera, Raab la prostituta de buen corazón, Tamar quien engaña a su suegro para tener un hijo y Betsabé quien comete adulterio con David. Es una descendencia que se mueve entre fortalezas y debilidades, la gracia y el pecado.

El Mesías es un hijo de un pueblo donde hay de todo: bueno y malo. Y Jesús haciéndose hijo de este pueblo se hace hermano de toda la humanidad: “El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos”. Dios cuenta con las cualidades y deficiencias de todos. El
Reino es siempre incluyente, solidario y encarnado en la historia y la cultura de cada pueblo.

Jesús, el hombre universal, nos invita a sus seguidores a tener sus mismos sentimientos y actitudes: aceptar a todos, encarnarnos en la cultura del pueblo donde vivimos, no excluir a nadie, acoger a toda persona sea de la condición que sea, respetar a toda persona por humilde que sea, descubrir en cada persona lo positivo antes que sus debilidades y pecados. Si Dios contó con personas de familias no muy piadosas y puras de Israel  para formar parte de la genealogía humana de su Hijo Jesús, hoy también hace lo mismo y cuenta con todos –buenos y malos- para construir su Reino en la tierra. Dios se sirve de todos para llevar adelante sus planes inescrutables e insondables. La eficacia no es fruto del trabajo del hombre, sino de Dios que actúa en todos y a través de todos. Como dice san Pablo: “Pablo sembró, Apolo regó y Dios dio el incremento”. Si esto es así, también es cierto lo que dice San Antonio Mª Claret: “Hagamos lo que nos corresponde hacer, y Dios hará lo que falta”.

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