Comentario al Evangelio del

Juan Lozano, cmf

Querido amigo/a:

Qué lástima la gente que desde que se levanta por la mañana se dedica a maldecir, a ver la negatividad de todo, a criticar destructivamente: todo está mal, todo es un desastre. Gente tóxica que no es capaz de proyectar luz sobre las sombras de este mundo. No seas desolador, sino consolador, como te invita el Señor.

Isaías nos recuerda hoy que Dios se dedica a consolar con infinita ternura: “consolad, consolad a mi pueblo”. Por eso, cuando dejamos actuar al Espíritu Santo que llevamos dentro, lo que nos sale es consolar. El que está lleno de Dios no maldice, ni reniega, ni condena. Lo que le sale es lo contrario. Es lo que deberíamos hacer los cristianos con más frecuencia, consolar, llevar más amor, dar buenas noticias. Porque este mundo, nuestras realidades, necesitan más palabras de consuelo y menos palabras de condena. Hay que amar nuestra realidad y nuestro mundo, también con sus negatividades y las nuestras personales, que tenemos que aceptar. Pero tenemos que recordar cada vez que nos levantamos por la mañana, que sólo el amor es capaz de transformarlo todo. Necesitamos más consuelo y menos condenas.

Hoy podíamos hacerle esta pregunta al Señor en nuestra oración personal: ¿dónde y a quién puedo y tengo que llevar palabras y gestos de consuelo y no lo estoy haciendo? Dímelo Señor. Dame tu luz para darme cuenta y la fuerza para hacerlo. Que yo pueda preparar tu venida sembrando esta estrella en el corazón de aquel que vive a mi lado o que veo todos los días en mi trabajo. Que de mis labios salgan palabras de consuelo y ternura, de mis manos gestos de acogida, especialmente hacia los que más me cuesta, que suelen ser los que necesitan más amor en sus vidas.

Gente positiva como San Nicolás al que recuerda hoy la liturgia, que según la tradición era invocado en los peligros, en los naufragios, en los incendios, cuando la situación económica se ponía difícil; la gente conseguía por su intercesión favores admirables. Destacó también por haber sido tan amigo de la niñez; por ello, especialmente en el este europeo, en su fiesta se reparten dulces y regalos a los niños.

Jesús lo dice bien claro en el Evangelio de hoy: Dios no quiere que se pierda nadie, por eso arriesga lo que nosotros no haríamos, dejar las noventa y nueve ovejas. Fíjate si arriesga. ¿Es la “política” de Dios la desolación? Por si a alguno/a todavía dudaba…

Vuestro hermano en la fe. 
Juan Lozano, cmf.

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