Comentario al Evangelio del

Fernando Prado, cmf

Queridos amigos,

No siempre acogemos las invitaciones que nos hacen. Y no es que no las aceptemos porque éstas sean malas, sino quizá porque, simplemente, no nos vienen bien en ese momento, porque estamos cansados y tenemos pereza para movernos o, simplemente, porque perturban otros planes que ya teníamos preestablecidos.

El signo de Jonás al que alude Jesús es el milagro de la conversión de los ninivitas ante la propuesta del profeta. La predicación de Jonás consiguió que los ninivitas cambiaran de perspectiva y decidieran salir de donde estaban para caminar a la luz del Señor. Jonás consiguió que decidieran moverse y abandonar su anterior postura para encaminarse hacia la voluntad de Dios.

La Palabra de Dios tiene esa capacidad de activar en quien la oye una respuesta así. Pero el profeta no siempre es escuchado. El hombre no siempre escucha la Palabra liberadora que le viene de Dios. Así es la libertad humana. A veces parece que las personas prefiriésemos vivir en la esclavitud de nuestras costumbres, de nuestras pasiones o pecados, de nuestros horizontes tal vez cortos, sin querer cambiar de vida o de rumbo hacia una mayor felicidad.  Es lo que Jesús reprocha a los que le estaban escuchando: que no aceptan su invitación a mirar más lejos y a acoger la novedad del Reino, aunque eso les complique un poco la vida y les obligue a salir de su área de confort.

Ahí queda el desafío que hoy nos propone el Señor: acoger la invitación al Reino y la vida nueva que este trae consigo, o no hacerlo. Nada ni nadie nos obliga. El Reino siempre es una invitación que siempre ha de ser acogida desde nuestra libertad. La invitación a abrazar un horizonte más bello es un regalo que el Señor nos hace.

El testimonio es unánime: si quieres ser libre y feliz realmente, no dejes de aceptarlo.

Vuestro hermano,
Fernando Prado,cmf.

Comentarios
Ver 21 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.