Comentario al Evangelio del

Fernando Torres cmf

 

      Me van a permitir los lectores de este comentario que, por una vez, me centre en primer lugar en la primera lectura. Es de la carta de Pablo a los Gálatas y el apóstol cuenta su experiencia de conversión de una forma muy sencilla. Termina diciendo que, pasados tres años de su experiencia inicial de conversión, subió a Jerusalén para conocer a Pedro, el primero entre los apóstoles. Termina diciendo que “las Iglesias cristianas de Judea no me conocían personalmente; sólo habían oído decir que el antiguo perseguidor predicaba ahora la fe que antes intentaba destruir, y alababan a Dios por causa mía.”

      Es un texto que nos debería hacer pensar a todos. Nos da a conocer la apertura y tolerancia de aquellas primeras comunidades cristianas. Vivían la experiencia de la persecución. Pablo mismo había sido perseguidor fanático de los seguidores de Jesús. Pero eso no les impidió acogerle como un hermano más. Le conocían como perseguidor pero ahora le abrían las puertas de sus comunidades y casas con total confianza. Más aún: alababan a Dios por causa de Pablo y de su conversión, su paso de perseguidor a predicador de la buena nueva de Jesús.

      Tendríamos que imitar en nuestras vidas esa capacidad para saltar por encima de los prejuicios, de nuestros temores, de la desconfianza que a veces nos surge frente al que nos ha hecho daño. Y saltar no sólo para llegar a la coexistencia sino para sentirnos hermanos. En el fondo no es más que la capacidad para reconocer que Dios y su gracia y su amor pueden cambiar de verdad el corazón de la persona y sacar de él a la luz cosas buenas. 

      Pablo sintió que las comunidades de Judea le abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones. Vio como alababan a Dios por su causa. Y, con toda seguridad, esa acogida le ayudó a ser mejor, a confiar más en el Evangelio, a creer que Jesús estaba allí, en medio de los hermanos y hermanas de aquellas comunidades, haciendo del reino no un sueño sino una realidad palpable. 

      La invitación para cada uno de nosotros es la de superar nuestros prejuicios y miedos frente a los demás. Cada uno sabrá cuáles son esos prejuicios y miedos. Cada uno deberá examinar donde tiene que crecer en confianza y acogida en sus relaciones con los demás (familiares, amigos, vecinos, etc.). 

      Esa es la parte mejor del Evangelio de que habla Jesús en el Evangelio. No se trata sólo de servir materialmente. Se trata de abrir el corazón, de acoger, de reconciliar, de perdonar y de abrirnos todos a un futuro nuevo, al futuro ya presente del Reino. 

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