Comentario al Evangelio del

ciudadredonda

Querido amigo/a:

¿Vives cerca del mar? ¿Lo has visto al menos alguna vez? ¿Has navegado sobre él en alguna embarcación?

El mar forma parte de las cosas fascinantes de nuestro mundo. Inmenso, amplio, inabarcable... Medio de comunicación, origen de la brisa, fuente de alimento, manadero de inspiración.

Pero el mar también es tremendo cuando las olas se encrespan, cuando inunda la tierra, cuando no da pescado, cuando devora a los navegantes.

El mar es símbolo de la vida, tan fascinante y tan tremenda. Los discípulos van sobre el mar, por la vida. Y Jesús con ellos, en la misma barca. El mar se encrespa –como la vida, tantas veces- y parece que no hay salida: “Señor, sálvanos, que nos hundimos”. Él va tranquilo. Parece que duerme. Pero escucha la voz de los suyos, de su pueblo, de los que le interpelan. Y el mar se calma. Y la vida. Tan sólo es cuestión de fe. Porque “todo es posible para el que cree”.

Señor, te hablo desde la vida.
Yo sé que Tú vas con nosotros, en la misma barca.
Y Tú sabes que muchas veces la barca se mueve,
y pensamos que nos vamos a hundir.
Por eso, en esos momentos,
recuérdame –recuérdanos-
que basta tener fe.
Que ese momento, más que nunca,
es momento de seguir remando.
Porque contigo en la barca
llegaremos a puerto.
Gracias, Señor.
Amén.

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