Comentario al Evangelio del

José M. Vegas cmf

Queridos hermanos,

Celebramos hoy la memoria de Bernabé. Aunque no es del grupo de los doce (como tampoco lo es Pablo), la Iglesia lo recuerda (en esta memoria litúrgica, que es memoria viva, actualización y no mero recuerdo histórico) como verdadero Apóstol. En lo que respecta a Pablo, del que Bernabé fue mentor y, probablemente, maestro, él mismo se encarga de revindicar con vehemencia ese título. Esto nos habla de una comunidad eclesial abierta y en camino. Antioquía es un buen ejemplo (luego vendrán otros, gracias, precisamente a la actividad de estos grandes apóstoles) de una Iglesia viva, en efervescencia de carismas y ministerios, y con un intenso acento misionero.

Al contemplar la figura de Bernabé, la Iglesia nos invita a recordar esas pocas y esenciales instrucciones que Jesús da a los Apóstoles, y que constituyen algo así como el “manual del evangelizador”, de entonces y de siempre. En primer lugar, el “qué”, el contenido de la predicación. Se trata de una buena noticia: Dios está cerca, pues el Reino de Dios no es sino la presencia misma de Dios, la presencia cercana de Jesucristo, al que los Apóstoles, y también nosotros, le vamos abriendo el camino. Esta predicación tiene un lenguaje que no es sólo el de las palabras: decimos la cercanía del Reino de Dios por medio de las buenas obras, curando, restableciendo, purificando, expulsando los malos espíritus del egoísmo, la envidia, la codicia, el odio… De todas estas “obras buenas” hemos sido nosotros antes sujetos pasivos: curados, purificados y exorcizados por Cristo. Y lo que hemos recibido como un don, no podemos darlo más que gratuitamente. De ese “qué” deriva naturalmente el “cómo”, el estilo de evangelización: ante todo, ligeros de equipaje. Aquí Bernabé es también maestro, pues vendió todo lo que tenía y lo entregó a los apóstoles (cf. Hch 4, 36-37), para entregarse por entero a la tarea apostólica. A veces sentimos nostalgia de medios más poderosos y contundentes, ya que nos encontramos en situación de debilidad en relación con los poderosísimos medios (económicos y políticos, de comunicación, etc.) que operan en el mundo para imponer sus objetivos. Pero no hay que tener miedo, ni hay que tratar de imitar esos poderes. Tenemos que usar todos los medios a nuestro alcance, además de procurarnos lo necesario para el sustento, pero sabiendo que la sencillez de los medios tiene mucho más poder de convicción (profunda) que los alardes de fuerza (que se extienden más, pero superficialmente). Jesús nos indica además una estrategia bien realista y sencilla: partir del bien ya presente, de las gentes de buena voluntad del lugar al que se anuncia la Buena Nueva. No hay que caer en el error tan frecuente, de destruir lo existente, para construir desde cero. Es necesario tener ojos para la bondad presente en el ser humano, en toda sociedad y cultura, para desde ahí anunciar de dónde procede esa bondad y cómo es posible conservarla, purificarla, y llevarla a plenitud: en la relación con el Dios que la ha creado, y por medio de Jesucristo, que ha venido a salvarla.  Finalmente, es evidente que los evangelizadores no son conquistadores, sino heraldos de paz, que proponen sin imponer, y tienen que contar con que a veces esa paz será rechazada. Tampoco entonces hay que perder la calma, la misma paz del Señor volverá a nosotros para seguir adelante.

Cordialmente,
José M. Vegas cmf

Comentarios
Ver 19 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.