Comentario al Evangelio del

Alejandro Carbajo, cmf

Queridos amigos, paz y bien..

Algo imprescindible para obrar inteligentemente como personas y como cristianos, ante las dificultades que salen a nuestro encuentro desde la mañana hasta la noche, es proceder con humildad; con aquella actitud que llevó a Jesús a aceptar la muerte en la cruz. Si no aprendemos a ser humildes, no podremos entender la cruz y, mucho menos, aceptarla.

Para ser humilde, hay que conocerse a uno mismo, y conocer a Dios. Además, hay que ser agradecido por los dones recibidos de Él y saber aceptar las limitaciones, para vivir con lo que tenemos, sin envidiar a los demás e intentando mejorar poco a poco. Además, implica aceptar que necesitamos a los otros para poder vivir como Dios quiere. Solos estamos perdidos.

Y en el Evangelio, otra ayuda para ser humildes: ser los últimos para ser los primeros. A Dios lo que menos le interesa de cada uno de nosotros son los títulos, los sueldos y las posiciones sociales. A Él le preocupa sobre todo lo que somos en realidad, nuestra persona, el lugar donde Él habla y tú escuchas; donde Él espera nuestra atención y oración y tú te comunicas con Él. 

Este segundo anuncio de la Pasión es más duro que el primero. Y con todo, los discípulos continúan en su incapacidad de comprender. Tenían miedo, porque conocían el carácter de Jesús y, al mismo tiempo, eran conscientes de su propia ceguera. 

Marcos nos presenta el motivo profundo de su falta de «inteligencia». Los discípulos sabían que Jesús intentaba fundar una comunidad, cuyos elementos fundadores eran precisamente ellos. Desde entonces empezaron a figurarse la organización de la nueva comunidad mesiánica. Ellos de lo que discutían era de la primacía en la comunidad. Jesús no niega que tenga que haber un jefe, pero quiere hacer saber a sus discípulos que en la nueva comunidad el primer puesto es el del servicio y de la humildad.

Jesús abraza a niño y lo pone en medio de ellos. Sobre los niños no se puede ejercer una autoridad que no sea la del amor y de la humildad. Jesús mismo y el Padre se sienten representados por los niños. Pero los miembros de la comunidad tienen esta tarea específica: deben representar a Jesús y al Padre. Exigiendo que el “primero” sea servidor de todos, Jesús no impone a un hombre la sumisión a otro, ya que los miembros de la comunidad, a los que el «primero» tiene que servir, son representantes de Dios. El cargo en la Iglesia es una forma de continuar la obra creadora de Dios, con su mismo espíritu, el amor por todos y la intención de construir un mundo mejor.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

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