Comentario al Evangelio del

Julio Corredor, cmf

Queridos Hermanos en la fe y el caminar:

1. Primera lectura: «Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en la Escritura. […] Apolo se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios […]». Hch 18, 23-28.

Siguiendo los pasos de los primeros Discípulos-misioneros, encontramos una realidad siempre actual y muy controversial. 1. La Palabra de Dios es viva y eficaz, lo tenemos claro, ella instruye, forma, corrige, conduce nuestra vida. 2. Pero no todos tenemos la formación adecuada para darla a conocer a otros, para transmitir el mensaje en su originalidad; ni tampoco para considerarnos sabios en los temas de Sagrada Escritura. 3. Es decir que la formación inicial, la que nos prepara para recibir los sacramentos de iniciación: Bautismo, primera confesión y comunión y confirmación, no es la única, ni tampoco suficiente. 4. En todos los momentos de la Historia de la Iglesia y en nuestra historia, se precisa acudir a los maestros de las ciencias sociales y teológicas, para que el mensaje salvador sea adecuadamente comprendido, y actualizado en la vida real y concreta. Nos podemos dar cuenta, en Apolo, hombre que tenía los principales elementos del Kerigma, del primer anuncio, pero una pareja sirve de instrumento de Dios para instruir con más detalle en el camino de Dios, de su proyecto.  Queda pues la tarea de siempre acudir a la formación permanente de todo creyente, de todo aquel que se sienta llamado a vivir en plenitud el proyecto de Jesús. No es difícil, es cuestión de tener apertura y disponibilidad.

2. Evangelio: «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. […]». (Jn 16, 23b-28).

Al final de esta semana, en el sermón de despedida de Jesús de sus discípulos, Él nos deja una clave para continuar el camino de la historia de salvación: ORAR PIDIENDO. Otro misterio agregado al misterio mismo de la Encarnación, de la Misión del Padre, del Hijo y del Espíritu y nuestra misión. Nada podemos hacer sin la Trinidad, pero más claro, es, que nada lograremos sin la oración de petición. La oración es tan universal, tan personal y tan comunitaria, que no existe un solo modelo, una sola forma de realizarla, de sentirla, ni mucho menos de alcanzar el grado más alto. Maestros de oración hay tantos,  como culturas, como personas existen en el mundo. Jesús es  el  Maestro, no solo nuestro, sino universal de oración. Él dio muestras de un estilo de oración muy particular: Dialogal, cercana, íntima con Dios Papito, con la convicción necesaria para comprender que nada es  imposible para Él y que hacer su voluntad en la mayor satisfacción. Pedir y recibir, es una doble dimensión de la  oración. Por lo tanto esta dinámica de oración es tener tal intimidad con Dios, que no quede la  menor duda de que recibiremos lo que pedimos, porque Él, el Padre, es infinita Misericordia, su nombre es Misericordia.

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