Comentario al Evangelio del

Julio Corredor, cmf

Queridos hermanos (as) nos encontramos en la mitad del camino de la sexta semana del tiempo pascual, preparando la celebración, la fiesta  del terremoto que sacudió y sacude las estructuras físicas, sociales, mentales y espirituales de todo el que cree en Jesús Resucitado.

  1. Primera lectura: « […] Allí encontró a un  judío llamado Aquila, natural de Ponto y a su mujer Priscila, que habían llegado hacía poco de Italia, porque Claudio había expulsado de Roma a todos los judíos». (Hch 18, 1-2).

Corinto, la comunidad que mejor conocemos por la significativa e importante correspondencia de Pablo. Y sobre todo por el ejemplar matrimonio, el de Aquila y Priscila o Prisca como la menciona Pablo en sus cartas. En este matrimonio la mujer es una de las colaboradoras más importantes de Pablo. Su casa-hogar, lugar de la primera Iglesia o lo que se llama también Iglesia doméstica. Volver a la familia, como fundamento para la evangelización, bien lo apunta la Exhortación Apostólica del Papa  Francisco,  Amoris Laetitia, desde la perspectiva bíblica en el numeral 8: « La Biblia está poblada de familias, de generaciones, de historias de amor y de crisis familiares, desde la primera página, donde entra en escena la familia de Adán y Eva con su peso de violencia pero también con la fuerza de la vida que continúa (cf. Gn 4), hasta la última página donde aparecen las bodas de la Esposa y del Cordero (cf. Ap 21,2.9).». Y además desde la perspectiva pastoral, afirma  el Papa Francisco que es desde el interior de la familia donde nace, la alegría de la evangelización: «Se trata de hacer experimentar que el Evangelio de la familia es alegría que “llena el corazón y la vida entera”, porque en Cristo somos “liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento” (Evangelii Gaudium, 1).».

  1. Evangelio: « Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría». (Jn 16, 20).

La pedagogía de Jesús con sus discípulos desconcierta, genera muchos interrogantes y preocupaciones.  Aún el Espíritu Santo no los ha conducido a la Verdad Plena, a la verdad sobre la misión de Jesús en el mundo y su partida al Padre. Por eso se llenan de tristeza, porque aún sus corazones no alcanzan a entender el “poco” de tiempo anterior a la muerte o de tristeza  y el “poco” posterior a la misma, caracterizado por la alegría de la resurrección.  Tristeza y gozo, partida y regreso del Maestro, es la dinámica de esta pedagogía. La alegría suscitada en la resurrección es la misma esencia de la vida cristina, es la alegría del encuentro y la certeza de que Él está vivo en medio de los discípulos y de la comunidad, y de que la soledad no puede existir.  La dinámica del proyecto salvífico de Dios comprende la cruz y la resurrección o presencia del Resucitado y el envío del Espíritu Santo. Todo esto se realiza dentro del “poco” tiempo, es lo que llamamos el misterio pascual. Las apariciones del resucitado, es lo que cambia la tristeza en gozo, es un encuentro colectivo y personal, dando a conocer su misterio como Dios y hombre, y a partir de esta experiencia, ya no habrá más preguntas. Todo es alegría porque ya lo comprendieron y lo pregonan a los cuatro vientos.

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